Me voy a permitir una disrupción de lo políticamente correcto en el debate eterno y acalorado sobre el feminismo, la libertad sexual, la discriminación o el papel de la mujer en la sociedad.

Piensen en la canción de J.A Labordeta No te quedes en la puerta, que evocaba el duro y no reconocido trabajo rural. ¡Recuerdan! …No te quedes en la puerta, entra hacia dentro que de la cocina al fuego es tuyo, es nuestro. Piensen que estuviera dedicada a una mujer, a cualquier mujer. A la que acarrea la lluvia, la piedra, el viento, a quienes laboran la tierra de invierno a invierno, las que limpiaron las malas hierbas y el paisaje greñudo para hacer tierra labrada, las que levantan su casa, y combaten los tiempos para aupar un huerto en el que dar de comer a los suyos. ¿En nombre de quién te piden que te estés fuera, si es la que haces que la casa sea casa?

El fuego es de todos. Y sin imposturas y no por razones cuantitativas, podemos decir que las mujeres son mucho más que la mitad en el devenir pasado, presente y futuro de la vida en comunidad.

Durante mucho tiempo la ignorancia y la brutalidad era la nube que nos cubría ¿Hoy qué es? ¿Será que nuestra sociedad está enferma? Cuál es la explicación de que se agreda, asesine, o viole a una mujer. Mujer que es abuela, madre, hija, hermana de la convivencia cívica sobre la que construimos la vida.

No se trata solo de reivindicar y clamar de indignación, ni aumentar las penas a los victimarios, aunque buenas y debidas son ambas. Más difícil es hacer lo que toca: rechazar al indiferente, zarandearle y mostrarle a gritos que no es una cuestión de género es de especie. Pero cómo lograr remover las entrañas de los que son incapaces de ver y sentir como propio lo que día sí y día también sucede, que miren para atrás. Lograr que pongan en el centro a cualquier mujer de su historia y piense que, a buen seguro, les deben su existencia aunque no les haya parido. 

Vivimos un mundo insensible lleno de hombres duros, cargados de razón y que consideran que todo es una extensión de sí mismos y por ello de su propiedad.

Las mujeres aportan cualidades que los hombres somos incapaces de entender e incluso de percibir además de racionalidad y fortaleza. Así han construido nuestras vidas, sin necesidad de que les reconozcan como grandes heroínas, no hace falta. La historia es una suma de pequeñas historias. La  de Catalina que en octubre del 36 tuvo que tomar la difícil decisión de abandonar su casa en la periferia de Madrid para evitar las bombas de alemanes e italianos al servicio del franquismo, y como al subirse al camión que la llevaba con su familia a un destino incierto, después de haber desposeído, con contundencia, a sus pequeños hijos de sus juguetes del alma, pues solo se podía llevar lo imprescindible, ella arrastró, ante el estupor de su marido, su máquina de coser, respondiendo a la incomprensión de la mirada de él “con guerra o sin ella de algo tienen que vivir los niños y yo lo único que sé hacer es coser”.

Cuantas Catalinas hay en la vida de cada uno. Los que atentan contra una mujer es la sublimación de una patología de enfermedad social, que han diluido en un magma viscoso sentimientos y pensamientos, creando una bilis que nos vuelve a situar a todos en un espacio negro de la historia de la humanidad.

Hay que concluir que: ¡no es un problema con distintas formas de verlo, solo hay una! Un solo prisma de igualdad, dignidad, libertad y derecho a la felicidad. No se trata de crear una sociedad asexual, sino de disfrute compartido. No de colaboración en el trabajo sino plena de igualdad salarial y de reconocimiento del mérito y el esfuerzo…todos sabemos ya de qué se trata.

Evidentemente el pasado fue peor y el futuro será mejor que este presente, pero no hay razón alguna para esperar. Es un imperativo por la justicia. Las cuestiones de género no pueden ser impostura política. Es más, deberían prohibirse en los programas electorales y en los discursos políticos. Es algo que tiene que estar en el día de cada uno de los pobladores de este planeta.

¿Qué es lo que se está fallando?, pues no tomar conciencia de que lo legal, lo policial, las manifestaciones, las campañas de concienciación, la labor de maestros en el aula pierden su capacidad si en el entorno familiar no se toma una actitud de radical convencimiento de que las mujeres, todas las mujeres son una prolongación de nosotros mismos.

Ahora bien, dicho esto actitudes como las de Cayetana Álvarez de Toledo y clan deben ser vistas con todo desprecio y decir como decía el añorado Labordeta a los diputados del PP desde la tribuna del Congreso: “¡Váyanse Ustedes a la mierda!”.

A las mujeres que han hecho y hacen mi historia, a todas, a todas las mujeres…sin ellas no sólo no sería nada, es que no tendría sentido. Feliz 8 de marzo.