Un conjunto de investigaciones presentadas hace ya unos meses en Jackson Hole (Wyoming) cuestionaban la opinión de que los países deberían limitar el gasto público en recesiones. De hecho –se afirma–, “la aceleración del gasto público en una economía agitada puede mejorar la salud fiscal de un país, incluso cuando la deuda pública ya es alta”, de forma que se generan esperanzas de que los gobiernos tengan mayor alcance para luchar contra futuras crisis. Algunos factores son:

  • Inversión privada raquítica, con participación sobre el PIB que es la más reducida desde la década de 1990, a pesar de la reducción de los tipos de interés;·
  • Alejamiento de la convergencia real entre los países, a partir de la observación de sus rentas per cápita;·
  • Incremento de la desigualdad, medido por los índices de Gini y con indicadores como AROPE, que delatan desequilibrios sociales;·
  • Innovación tecnológica a la baja, por la reducción inversora, pública y privada;·
  • Atonía en el movimiento de los precios.

Estos problemas no se van a resolver aplicando los mismos recetarios que no están desatascando capacidades reales de las economías europeas. El corolario: Europa estaría en una situación muy parecida a la tesis de estancamiento secular, preconizada por Larry Summers y Bradford De Long, aseveración que estos ex-mandatarios de la administración norteamericana y profesores en Harvard y Berkeley, respectivamente, hacen extensiva también a las economías más avanzadas del planeta. El problema de la expansión del Coronavirus no ayuda en absoluto. En línea parecida, el profesor Jason Furman, de Harvard, lo ha expuesto en la cumbre de Wyoming con una declaración pasmosa por sincera: “Hemos estado dando malos consejos catastróficamente a los países con altos ratios deuda/PIB”. Sus palabras se avienen con otros trabajos académicos, muy recientes. Por citar algunos: de Paul Romer (2016), que explica el escaso realismo de los modelos económicos que se están aplicando durante la Gran Recesión; el de Narayana Kocherlakota (2016), expresidente de la FED de Minneapolis, señalando los errores de la teoría macroeconómica en el abordaje de la crisis; o de Steve Keen (2017), catedrático de Economía en la Universidad de Kingston, que augura posibles nuevas crisis financieras, bajo la inspiración de las teorías de Hyman Minsky.

En definitiva, ante el agotamiento de la política monetaria, se reabre la posibilidad de la política fiscal expansiva. Alemania tiene margen al respecto, con lo que además puede reducir sus desequilibrios externos. Las vías que se dibujan no son nada novedosas. Los gobiernos las han puesto en práctica en otros momentos. Y cabe advertir cómo, en situaciones difíciles, la admonición de los poderes públicos y de las instituciones financieras centrales ayudan a calmar situaciones problemáticas. Lo estamos viendo ante este nuevo cisne negro del Coronavirus: la estructura económica no se aviene con las dislocaciones que observamos en los mercados. Ah, el sector público, tan denostado: sólo las declaraciones de sus altos representantes palian los resquemores. Tomemos nota cuando se habla de la sabia resolución de los mercados.