Antes de ver los datos de los multimillonarios de la revista Forbes, quisiera recordar que Peter Turchin, en su modelo de cliodinámica, dice que “cuando en un país, como Estados Unidos, los salarios reales se encuentran estancados o tienden a la baja (ajustados a la inflación), la brecha entre ricos y pobre cada vez es mayor, existe una sobreproducción de jóvenes con titulaciones superiores, declina la confianza en las instituciones y la deuda pública explota, todos estos indicadores sociales en apariencia dispares están en realidad interrelacionados de forma dinámica. Históricamente, estos acontecimientos han servido como indicadores adelantados de una inestabilidad política inminente.”

La metodología de la revista Forbes para realizar su lista de milmillonarios del mundo es una instantánea de la riqueza, utilizando, en 2024, los precios de las acciones y los tipos de cambio del 1 de abril a las 12 de la mañana. Para entrar en ella, se necesita un patrimonio neto estimado de mil millones de dólares por persona, valorando una variedad de activos, incluidas empresas privadas, bienes raíces, y arte, entre otras cuestiones.

Este año, se ha batido el récord del número de milmillonarios al llegar a las 2.781 personas. Es decir, 141 más que en 2023, y 26 más que el anterior récord absoluto del año 2021, cuando se llegó a 2.755 personas milmillonarias.

Esta acumulación de la riqueza en tan pocas personas, que de no corregirse junto con la desigualdad va a provocar el fin de nuestra civilización, ha aumentado en su mayor parte entre aquellos que están más arriba en la lista de milmillonarios. Dos ejemplos. El primero, es que siete de las 10 personas más ricas del mundo han elevado su riqueza en 28.000 millones más en el último mes y acumulan 1,59 billones de dólares. El segundo, es que las 20 personas más ricas del mundo aumentaron en 700.000 millones de dólares su riqueza desde 2023.

En lo que respecta al valor conjunto de las fortunas, también estamos ante el récord absoluto de acumulación de la riqueza con 14,2 billones de dólares frente a los 12,2 del año 2023 y el anterior récord de 13,1 billones de dólares del año 2021.

Esto significa que en el último año ha aumentado la fortuna total en 2 billones de dólares, y se ha superado la cifra récord de 2021 en 1,1 billones. Para que podamos hacernos una idea de la magnitud de esta acumulación de la riqueza, los 14,2 billones de dólares suponen casi 10 veces más que el PIB de España. O las diez personas más ricas del mundo tienen más riqueza que 13 países de la Unión Europea.

Otros datos interesantes de la revista Forbes son:

  • De las 10 personas más ricas, 9 son estadounidenses y una francesa. 1. Bernard Arnault, patrimonio neto: 226.200 millones de dólares. 2. Jeff Bezos, 198.400 millones de dólares. Elon Musk, 195.300 millones de dólares. 4. Mark Zuckerberg, 170.300 millones de dólares. 5. Larry Ellison, 155.200 millones de dólares. 6. Warren Buffett, 138.600 millones de dólares. 7. Bill Gates, 131.300 millones de dólares. 8. Larry Page, 126.000 millones de dólares. 9. Steve Ballmer, 124.500 millones de dólares. 10. Sergey Brin, 121,1 millones de dólares.
  • Hay 369 mujeres multimillonarias en la lista, lo que supone el 13,3 por ciento del total. Con una fortuna de 1,8 billones de dólares, 240.000 millones más que el año pasado.
  • Por países, Estados Unidos continúa en primer lugar con 813 personas con un patrimonio mayor de 1.000 millones de dólares; China sigue en segundo lugar, con 473; India (200); Alemania (132) y Rusia (120).
  • Por primera vez en quince años, concretamente desde 2009, todos los milmillonarios menores de treinta años heredaron su fortuna y no se han hecho a sí mismos. Las 25 personas más jóvenes de la lista Forbes tienen 33 años o menos, y acumulan una riqueza de 110.000 millones de dólares. Algunos se han hecho a sí mismos, creando empresas como Snap (Evan Spiegel, 33), Gymshark (Ben Francis, 31) y Oculus VR (Palmer Luckey, 31).
  • La cantante Taylor Swift, aparece por primera vez en la lista Forbes en el puesto 2.545, con una fortuna estimada en 1.100 millones de dólares, a sus 34 años.

Junto a tanta opulencia:

  • 828 millones de personas sufrían hambre en el mundo, en 2021. Y se prevé que casi 670 millones de personas seguirán pasando hambre en 2030 (el 8% de la población mundial).
  • Alrededor de 2.300 millones de personas en el mundo (29,3%) se encontraban en situación de inseguridad alimentaria moderada o grave en 2021, esto es, 350 millones de personas más que antes del brote de la pandemia por COVID 19. (Unicef).
  • Se calcula que 45 millones de niños menores de cinco años sufren desnutrición aguda, algo que aumenta el riesgo de mortalidad infantil. (Unicef)
  • 149 millones de niños menores de cinco años sufren retraso en el crecimiento y el desarrollo debido a la falta crónica de nutrientes esenciales en su dieta, mientras que 39 millones tenían sobrepeso. (Unicef)
  • Más de 2.000 millones de personas en el mundo carecen de acceso a los servicios básicos de agua y saneamiento. Informe ONU sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos.
  • Más de 2.500 millones de personas no tienen acceso a un saneamiento adecuado, incluidos inodoros o letrinas.

El malestar causado por la desigualdad cotidiana tiene que corregirse, porque si no se hace con urgencia, vamos encaminados hacia un estallido social global y hacia la muerte de una democracia que no puede sobrevivir con estos niveles de desigualdad y de falta de libertad.

La fiscalidad hay que hacerla justa, progresiva y suficiente, si se pretende conseguir un modelo económico y social donde el bienestar sea una realidad en la vida de todas las personas. Y donde, las administraciones públicas cuenten con los recursos suficientes.

La desesperación y la indignación crecen, porque además miles de millones de personas, que sufren penurias, ven en directo la ostentación y cómo viven en la opulencia unos pocos.

La mayoría de la población quiere cambios urgentes que mejoren su bienestar diario. Y si la democracia no se los da, los buscaran en otros caminos. De ahí, la necesidad de actuaciones urgentes ahora, ya, a nivel global, nacional y local para corregir las graves consecuencias que están provocando el incremento exponencial de la desigualdad y la exclusión en el mundo desigualdad.

El cambio de rumbo que se necesita nos lleva ineludiblemente a un nuevo contrato social o habrá conflictividad global. ¿Qué nuevo contrato social? Uno que ponga la dignidad de las personas y su bienestar en el centro de las decisiones, junto con la conservación del planeta y el control del capitalismo globalizado y de su variante de capitalismo de vigilancia que está emergiendo.

El planeta y todos los habitantes del mundo saldrán beneficiados, especialmente los más pudientes que podrán disfrutar de su riqueza con mayor libertad y seguridad.