Mirando desde la ventana las calles solitarias, y como el sol se va, apagando la tarde, pienso como echamos de menos las benditas rutinas de nuestra vida cotidiana anterior al coronavirus. Cuanta nostalgia a veces, que nos recuerda lo decididos que estamos a vivir.

Y en ese querer, España y los españoles se merecen vivir días de prudencia, en su acepción de templanza, cautela, moderación, sensatez y buen juicio.

España y los españoles se merecen vivir días de colaboración, en su acepción de trabajar juntos unos con otros, en contribuir, en ayudar con otros al logro del bienestar para todos.

España y los españoles se merecen vivir días de acuerdo, en su acepción de conciliar, componer y resolver algo de común acuerdo para que todo vaya mejor.

No son días para el desprestigio de la política. No son días para el desprecio a la convivencia. No son días para el sectarismo ni la mezquindad. Y mucho menos, son días para en nombre de España intentar acabar con un gobierno. Hay que saber estar a la altura que han demostrado los españoles, que sufren con dolor las pérdidas y con expectación lo que tiene que venir.

Con prudencia y con seguridad va a comenzar el “plan para la transición hacia una nueva normalidad”. Todavía hay que seguir salvando vidas. Pero, al mismo tiempo, hay que poner los cimientos para una pronta recuperación social, política y económica de España y de nuestras propias vidas.

En este novedoso escenario es transcendental que los que van a tener en sus manos mucho del devenir presente y futuro de lo que será España desde ya, tengan en consideración lo que opinan y creen la mayoría de los españoles. Esto significa, nada más y nada menos, que la agenda que marquen los ciudadanos sea la que finalmente se lleve a cabo.

¿Qué quieren los españoles en estos momentos?

En primer lugar, los españoles quieren que exista colaboración para salir de esta situación crítica. En las circunstancias actuales, el 87,8 por ciento de la población, cree que ahora los partidos y lideres de la oposición tienen que colaborar y apoyar al gobierno en todo lo posible, como señala el barómetro de abril del CIS. Sólo un 10 por ciento cree que deben continuar criticando y oponiéndose al actual gobierno en todo lo que consideren.

En segundo lugar, los españoles son conscientes de la grave realidad en la que nos encontramos. Lo están sufriendo en sus vidas, en sus empleos y en el de sus familiares y amigos. Así, un 80,3 por ciento de los españoles considera muy graves las consecuencias económicas y laborales que se van a derivar de la crisis del Covid-19. Y un 17 por ciento las considera algo graves. Estas cifras dan una magnitud de la angustia y la incertidumbre que existe en la mayoría de los hogares españoles.

En tercer lugar, los españoles creen que cuando termine la crisis del coronavirus debería hacerse un esfuerzo especial para intentar llegar a grandes acuerdos ante la crisis económica y laboral que existe. Opinan de esta manera un 91,4 por ciento de los españoles.

Este porcentaje, casi unánime de la sociedad española, debe llevar a todos los actores de la reconstrucción de España a arrimar el hombro y a trabajar por el bien común. No sirven regates cortos ni titulares de quince segundos para salir en televisión. No sirven denuncian estériles, que lo único que hacen en enrarecer un ambiente, ya suficientemente enrarecido.

Hace falta altura de miras. Los españoles la tienen. Esperemos que el resto también, acompañando y junto al gobierno. Un gobierno que es el de España. El de todos los españoles.