¿Qué más tiene que pasar para que el independentismo salga de su ensoñación y trabaje por la convivencia y la prosperidad de los catalanes y de los españoles, en lugar de ahondar en un abismo en el que sufriremos todos, pero, sobre todo, los catalanes?

La Comisión Europea para la Democracia a través del Derecho, más conocido como Comisión de Venecia, es una institución dependiente del Consejo de Europa que le asesora sobre cuestiones constitucionales. Dentro de este trabajo, ha realizado un Código de Buenas prácticas para los Referéndum, que señala como primer requisito para la celebración de los mismos que se ajusten a la constitución del país donde se hayan de celebrar.

A pesar de este punto de partida, el pasado 18 de mayo de 2017, Junts per Sí dio su apoyo, en el Parlamento de Cataluña, a una moción presentada por Catalunya Sí que es Pot (CSQEP), donde se instaba al gobierno de Cataluña a dirigirse a la Comisión de Venecia para obtener su aval a la realización del referéndum unilateral.

Concretamente, la moción señalaba que insta al Govern “a poner en marcha las iniciativas oportunas para disponer del asesoramiento, reconocimiento y aval” de la Comisión de Venecia para celebrar la votación. Entre ellos, solicitar que norma tiene que dar cobertura legal al referéndum, que plazos hay que establecer entre la aprobación de la norma y la celebración de la consulta, que características debe tener el órgano que organizará el referéndum, que censo electoral se utilizará, que criterios deben regir la campaña electoral, que condiciones debe contemplar la pregunta, que fecha de celebración, y que pautas hay que establecer para dar validez al resultado del referéndum.

Días después, el 31 de mayo de 2017, el Presidente  de la Generalitat, en la sesión de control al Gobierno en el Parlamento catalán,  anunciaba que la carta, en la que se exponía la voluntad de Cataluña de celebrar un referéndum sobre su independencia, “está enviada”. Concretamente, el 29 de mayo.

Y afirmaba, que había enviado la carta, porque consideraban que la trayectoria y la experiencia del organismo al que se dirigía son una “garantía” para afrontar el referéndum.

Pero como suele pasar con el independentismo había trampa y truco. El primero, es que la misiva se centraba en comunicar a la Comisión de Venecia el contenido de la moción aprobada en el Parlamento de Cataluña. Pero no le reclamaba su intervención.

El segundo, es que omitía que la Generalitat está dispuesta organizar el referéndum de forma unilateral pese al rechazo del Estado. Y el tercero, es que sin ponerlo en la carta, pero diciéndolo en declaraciones públicas, ya advertían que no esperarían la contestación de la Comisión de Venecia.

Pero la suerte y la legalidad, nuevamente no han acompañado al desafío soberanista y sus mentiras. Y Puigdemont, se ha encontrado con que sí tiene quien le escriba. En este caso, ha recibido la carta de respuesta de la Comisión de Venecia. Y en los dos párrafos que contiene, se indica, de forma clara, que cualquier referéndum tiene que “llevarse a cabo en pleno cumplimiento de la Constitución y con la legislación aplicable”. Cualquier referéndum, tiene que llevarse a cabo de acuerdo con las autoridades españolas. Y además, apunta que Puigdemont es consciente de ello.

Pero parece que da igual. No importa este nuevo revés, o el último fracaso de la reunión del Pacto Nacional por el referéndum. El espectáculo debe continuar. Unos con su huida hacia adelante con pregonero de lujo venido del mundo del futbol, para dar la fecha del referéndum ilegal. Otros, con el tacticismo de verse como primera fuerza política en Cataluña y la posibilidad de llegar al gobierno autonómico. Y los de más allá, defendiendo el ordenamiento constitucional desde la ley, pero sin entender que es urgente una reforma constitucional que actualice el modelo territorial y blinde derechos y servicios públicos.

Por favor, paren un momento, frenen la escalada de tensión y observen que  mientras aquí estamos en estas, en Alemania se acuerdan modificaciones competenciales entre el Estado Federal y los Lander, con tensiones, con negociaciones, pero con diálogo y finalmente acuerdos.

¿Cuándo ocurrirá esto aquí? ¿Cuándo pasará el desatino? ¿Cuándo empezará el Gobierno de Cataluña a ocuparse de los problemas de los ciudadanos? ¿Cuándo seremos capaces de realizar la necesaria reforma constitucional?

Esperemos y trabajemos para que sea pronto.

Mientras tanto, Puigdemont ya tiene quien le escriba, aunque no acuse recibo y quiera saltar al abismo.