Mario Benedetti en uno de sus haikus escribió: “Todos tenemos / nuestro intenso y privado/ apocalipsis”. Tras casi un año de pandemia, el cansancio y el desgaste emocional hace mella en muchos españoles, en estos tiempos duros que nos ha tocado vivir, tanto colectiva como individualmente.

Hay mucha fatiga, angustia e incertidumbre. Pero hay que sacar fuerzas de donde parece que se agotaron, y continuar resistiendo y avanzando, porque ya se vislumbra la salida de este profundo túnel en el que nos encontramos.

Hay que sacar fuerzas de donde parece que se agotaron, porque, aunque muchas personas se sienten solas ante sus problemas, tienen que saber y, sobre todo, tienen que ver con hechos que forman parte de un proyecto colectivo que se llama España, que no les va a dejar abandonados, les va a ayudar a recuperarse, y con ellos va a construir un presente y un futuro de equidad, libertad y progreso.

Estamos enfrentándonos a momentos complicados. Por eso, es más necesario que nunca poner en marcha ya un proceso de recuperación anímica colectiva, como sociedad, y de recuperación vital para cada una de las personas.

La situación es muy delicada, y sería bueno que los partidos de la oposición dejaran de lado la crispación y remaran en la misma dirección que el gobierno, para entre todos salvar vidas y devolver el bienestar a muchos millones de españoles que lo han perdido.

Siete de cada 10 españoles consideran que lo que está ocurrido con la pandemia le está afectando mucho/bastante en su vida personal, como señala el barómetro del CIS de febrero. Concretamente, un 66,5 por ciento. Un 17,9 por ciento, cree que le está afectando algo. Y un 14,7 por ciento, opina que no le afecta nada o casi nada.

Este perjuicio personal, atañe a muchos aspectos de la vida. Al distanciamiento con los seres queridos, para un 38,5 por ciento; las restricciones y libertad de movimientos, un 36,5 por ciento; por el estado anímico negativo(ansiedad, tristeza), un 20,8 por ciento; por el trabajo y/o económica personal , un 20 por ciento; por el aislamiento y el confinamiento, un 19,8 por ciento; por los cambios en la vida cotidiana, un 18.9 por ciento; por miedo al contagio suyo o de otras personas, un 14,4 por ciento; por el cambio de las condiciones laborales, un 7,3 por ciento; por pérdida de trabajo(despidos, cierres, no encontrar…) un 4.9 por ciento; por los cambios de rutina en clases, un 4,2 por ciento….

Durante este año, la vida social y relacional se ha visto transformada por completo. Cuando se pregunta a los ciudadanos como les está afectando en su vida social y de relaciones, un 77,7 por ciento afirma que mucho/bastante; un 11 por ciento que nada o casi nada; y un 10,7 por ciento algo.

Y de nuevo, los aspectos de esa afectación social y relacional tienen que ver con la distancia respecto a la gente, los amigos y la familia; con el aislamiento, confinamiento y no poder salir; con el cese o limitación de actividades culturales, de ocio y deportivas; con el miedo a que se produzcan contagios en las relaciones sociales y familiares; con aspectos económicos, laborales y profesionales; con la ausencia de contacto físico en las relaciones sociales, pérdida de calidad en las relaciones.

Las vacunas irán normalizando nuestras vidas. Pero mientras eso ocurre, mantengamos la precaución para no contagiarnos. No bajemos los brazos. Pero, sobre todo, abandonen la crispación porque hay esperanza en el futuro incierto al que nos enfrentamos si vamos unidos y somos activos, protagonistas, participes de la nueva sociedad, de la nueva España que se está construyendo. Una España de progreso y bienestar para todos.