En política, casi todos los años son relevantes. Algunos, pocos, pueden ser calificados de históricos, incluso. El año 1978 lo fue singularmente para todos los españoles, sin duda. Y, de vez en cuando, se dan los años encrucijada. Son esos momentos en los que una sociedad se la juega, optando entre dos o más caminos con metas dramáticamente diferentes.

El año 2023 ha sido un año encrucijada para la sociedad española. También lo ha sido para otras naciones, como Polonia y Argentina, por ejemplo. Los resultados no han podido resultar más opuestos. España decidió avanzar, también Polonia. Argentina decidió retroceder. El año 2024 será también año encrucijada para el conjunto de la Unión Europea y para la primera potencia mundial, los Estados Unidos, con elecciones decisivas en ambos ámbitos.

Para ser claros, durante este año 2023 se podría haber reinstaurado en nuestro país la indignidad del 0,25 en las pensiones, y la congelación del salario mínimo, y la precarización de los contratos que evitó la reforma laboral, y los copagos en las medicinas. Con un gobierno Feijóo-Abascal se hubieran derogado las leyes de igualdad entre hombres y mujeres, y el derecho legal a la eutanasia, y el matrimonio entre personas del mismo sexo. Nos hubiera gobernado el negacionismo del cambio climático, de la ciencia, de la violencia de género…

Pero la sociedad española optó por avanzar y no retroceder. Los españoles se decantaron por el progreso frente a la regresión. Y esta decisión, que la mayoría expresó en las urnas, tiene mucho que ver con el liderazgo ejercido por el Partido Socialista y Pedro Sánchez.

Se trata, además, de una decisión con repercusiones internacionales muy importantes. Porque la encrucijada entre el avance y la regresión, entre el progreso democrático y el retroceso ultra, se está afrontando en buena parte del resto de Europa y del mundo. En Argentina se anuncia la legalización de las jornadas laborales de hasta 12 horas y la limitación drástica en los derechos de manifestación. En Italia se decreta la vuelta a la confesionalidad de los colegios. En Hungría se persigue a los medios de comunicación críticos…

Y es que el Partido Socialista en España ha vuelto a demostrar una capacidad extraordinaria de resistencia. Se practicó una campaña infame en las elecciones autonómicas y municipales, pero resistió. El día después de aquellas elecciones, se dio por muerto al PSOE, pero resistió. Las encuestas sacaban del Gobierno a Pedro Sánchez hasta la misma tarde del 23J, pero resistió. Tras la investidura, le convocaron 100 manifestaciones en tres semanas, pero resistió. Y se asediaron sus sedes de norte a sur y de este a oeste, pero resistió.

Parecen desconocer al PSOE, tras 150 años de historia. Los socialistas hemos resistido dictaduras y dictadores, de los de verdad, los sanguinarios, y guerras, y fusilamientos, y exilio, y cárcel, y persecución. Unos cuantos encapuchados con sprays de pintura, con muñecas hinchables, con sus rosarios y sus rezos ante nuestras Casas del Pueblo, no van a intimidarnos ahora, por grave que resulte su actitud antidemocrática.

Si hay que resistir, se resiste, pero, como afirmó el portavoz Patxi López en la fiesta de fin de año de los parlamentarios socialistas, la vocación del PSOE es la de avanzar siempre. Se resiste para seguir cambiando y mejorando las condiciones de vida de aquellos que más nos necesitan, las clases medias y trabajadoras de este país.

En la legislatura XIV, esa voluntad de resistencia y avance se plasmó en 215 leyes que ampliaron derechos y ganaron justicia social para el conjunto de los españoles y las españolas. A pesar de pandemias, guerras y todo tipo de maniobras involucionistas por parte de las derechas políticas y mediáticas.

En la legislatura XV, las medidas irán en la misma línea positiva y esperanzadora, porque es lo que han decidido los españoles en este año encrucijada. La primera ley aprobada por el Gobierno ha sido la ley de paridad, que garantiza a las mujeres la mitad del poder político y económico, en las instituciones y en las empresas. Los primeros decretos modernizan la administración pública, mejoran el subsidio por desempleo y prorrogan las medidas de protección social ante las consecuencias de la guerra de Ucrania.

Y así será nuestro trabajo durante los próximos cuatro años. Más derechos, más modernización, más justicia social, más ecologismo, más feminismo, más apuesta por la paz en el mundo.

Seguirán en marcha las estrategias que tratan de deslegitimar al Gobierno, a la mayoría parlamentaria que lo sustentan, y a sus decisiones más valientes. Seguro. No es la primera vez que un Gobierno progresista tiene que adoptar medidas difíciles, frente a las diatribas de la derecha, frente a las dudas que las campañas de la derecha siembran entre la gente. Les pasó a los gobiernos de González y de Zapatero. Le pasa ahora a Pedro Sánchez.

Pero, como ocurrió entonces, como ha ocurrido siempre, el tiempo nos ha dado la razón. Las consecuencias de estas decisiones difíciles y valientes nos acaban colocando en el lado correcto de la historia.

Pasará con la apuesta por la convivencia en Cataluña, y con los acuerdos con distintos para construir progreso, y con las denuncias de las matanzas en Gaza, y con la voluntad de parar al populismo ultra en España y en Europa.

Resistir y avanzar. Este es el camino para el 2024 que llega.