El salto del coronavirus SARS-Cov 2 en la especie humana ha tenido un doble impacto: en la salud de las personas y en la propia sociedad, en la forma de relacionarnos y de producir, lo que implica un enorme impacto econĂłmico.
Recientemente el editor jefe de la revista The Lancet publicaba un artĂculo en el que argumentaba que esta, la pandemia por coronavirus SARS- Cov 2, no se puede calificar de pandemia, sino que nos encontramos ante una sindemia, tĂŠrmino que acuĂąara la mĂŠdica y antropĂłloga Merrill Singer para referirse a la sinergia entre los efectos sociales y sanitarios de las pandemias. A los efectos sanitarios se una la interacciĂłn de los factores sociales, econĂłmicos y ambientales.
Hace unos dĂas conocĂamos la encuesta del CIS sobre el impacto de la pandemia en la salud mental. La desagregaciĂłn por tramos de edad y gĂŠnero nos aporta informaciĂłn sobre los distintos efectos en la emotividad, el sueĂąo o la preocupaciĂłn a enfermar o morir. Hay que agradecer a los diseĂąadores de la encuesta que hayan introducido una variable importantĂsima en este impacto: la clase social. Los resultados que arroja es que existe una mayor afectaciĂłn a la salud mental en las clases sociales media baja, proletariado y pobres.
Nos encontramos, pues, ante una sindemia con impacto biopsicosocial que tiene una afectaciĂłn bien diferente en relaciĂłn a la clase social, el barrio donde se vive o la ocupaciĂłn laboral. Por lo que podemos asegurar que este coronavirus sĂ entiende de clases sociales. AdemĂĄs, en muy pocas ocasiones se recuerda el origen de la enfermedad COVID 19, debida a una zoonosis provocada, como origen mĂĄs probable segĂşn la informaciĂłn disponible, por el salto desde los murciĂŠlagos a travĂŠs de animales domĂŠsticos, al humano. Y eso debido a la preocupante pĂŠrdida de biodiversidad en el planeta.
En este aĂąo de pandemia hemos aprendido mucho sobre el comportamiento fisiopatolĂłgico del virus en el cuerpo humano. Tenemos ya suficientes evidencias sobre su transmisiĂłn y, gracias al enorme esfuerzo de aportaciĂłn de la ciencia, se han logrado vacunas eficaces en un tiempo rĂŠcord.
Pero conociendo todo esto, nos seguimos contagiando de forma alarmante y sigue habiendo un nĂşmero insoportable de muertes que podrĂamos esperar evitables. Es cierta la enorme interferencia en nuestra convivencia, pero con toda la informaciĂłn disponible deberĂamos esperar una mayor eficacia en el control de la difusiĂłn del virus, toda vez que las consecuencias de la pandemia se evitan solo deteniendo los contagios.
Pero, lamentablemente, de todo esto se escuchan escasas voces y de forma muy esporĂĄdica. Estamos ante una profusiĂłn de datos diarios como si todo dependiera de una especie de suerte aleatoria al punto de imputar a las medidas de control de la difusiĂłn del virus como enemigos de la libertad individual o de tal o cual iniciativa econĂłmica o comercial.
Es evidente que las actividades econĂłmicas donde se concentran personas suponen un mayor riesgo. En los establecimientos donde las personas se quitan la mascarilla para tomar una consumiciĂłn o comer el riesgo aumenta, y si se acompaĂąa de animadas charlas en ambiente ruidoso que obligan a elevar el volumen de la conversaciĂłn, este es aĂşn mayor. En el caso del ocio nocturno, por sus propias caracterĂsticas, se dispara. Las medidas de restricciĂłn de la actividad en estos sectores van dirigidas a evitar contagios, lo que supone prevenir enfermedades y sus secuelas y sobre todo a evitar muertes.
Es responsabilidad de los poderes pĂşblicos adoptar estas medidas cuando disponen de suficiente evidencia de la relaciĂłn entre lo que se hace en esos lugares y transmisiĂłn del virus, con el objeto de quebrar la continuidad de la cadena de contagios. Y por las razones expuestas, las estancias, especialmente en los interiores de bares y restaurantes constituyen puntos neurĂĄlgicos en la expansiĂłn del virus.
Las restricciones de aforo y limitaciĂłn de horarios persiguen minimizar en lo posible los riesgos de nuevos contagios. Esto conlleva menor actividad y en consecuencia, impacto en el empleo, en muchas ocasiones precario, con la consiguiente pĂŠrdida de ingresos familiares y la repercusiĂłn directa en la situaciĂłn econĂłmica y social derivada de la pandemia.
Precisamente para compensar este impacto negativo se han articulado las ayudas en forma de crĂŠditos ICO del Gobierno de EspaĂąa, las ayudas directas de las CCAA y ahora de tambiĂŠn del gobierno de EspaĂąa y los sucesivos planes de ERTES para sostener la actividad en este sector y evitar la destrucciĂłn de empleo.
Pero siendo esto asĂ sorprende enormemente la relevancia pĂşblica de quejas y manifestaciones reclamando la retirada de las restricciones a estas actividades de ocio, bares y restaurantes como si la decisiĂłn de adoptarlas fuera una arbitrariedad, un capricho o peor aĂşn, se quisiera perjudicar a un sector de la economĂa de nuestro paĂs.
Es compresible que quienes se ven directamente afectados manifiesten su contrariedad y hasta defiendan sus intereses, pero lo que no es admisible en modo alguno es que quienes tienen la responsabilidad de contener la pandemia se coloquen del lado opuesto, relajen las condiciones, se permitan actividades de riesgo o no se vigilen los incumplimientos, cuando su responsabilidad principal estĂĄ en procurar entornos seguros. Es el caso de la comunidad de Madrid, que relajando las restricciones se escapa de las compensaciones econĂłmicas que otras Comunidades AutĂłnomas han aprobado.
Siendo esto muy grave por lo que supone de descontrol de la pandemia, es peor aĂşn elevar la ausencia de controles a categorĂa de libertades individuales, lo que de hecho supone negar la raĂz de Estado de derecho, es decir, de una convivencia regulada por las leyes. Convertir el descontrol de la pandemia en eslogan electoral supone una autĂŠntica temeridad democrĂĄtica, con ostentaciĂłn de descarado atrevimiento y peligrosa ignorancia que exhibieran Trump o Bolsonaro.
HabrĂĄ que aĂąadir una nueva consecuencia a las ya conocidas como sindemia: la polĂtica negacionista que puede ser de consecuencias aĂşn mĂĄs devastadoras para la salud humana y del planeta.
