Datos positivos de inflaciĂłn general para EspaĂąa. De las mĂĄs bajas de la Eurozona, por debajo de la de Alemania. Previsiones de instituciones internacionales: seguirĂĄ esta tendencia bajista. Un hecho que ya se estĂĄ viendo, tambiĂŠn, en Estados Unidos. La liberaciĂłn de los corsĂŠs comerciales, provenientes de la guerra, hace efectiva una mejor circulaciĂłn de las mercancĂ­as. Sobre todo, del gas licuado. El shock de oferta se ha ido limando con el tiempo, por fortuna. Si a ello le sumamos el tope ibĂŠrico, el resultado micro es potente: reducciĂłn de un 18% en la factura energĂŠtica de los hogares. Con otro dato relevante: el acopio de gas en la Eurozona llega ya al 90%, de manera que no se otean dificultades de suministro. Pero, ademĂĄs, como recordaba hace pocos dĂ­as la profesora Mariana Mazzucato, en el caso de EspaĂąa la inflaciĂłn tambiĂŠn se ha reducido por los lĂ­mites a los precios de los alquileres de vivienda, la gratuidad del transporte pĂşblico y, esencialmente, por la fiscalidad sobre los beneficios caĂ­dos del cielo a empresas energĂŠticas oligopolĂ­sticas. Todo un acerbo de polĂ­ticas pĂşblicas que demuestran una realidad innegable: la economĂ­a pĂşblica estĂĄ siendo determinante para evitar serios problemas a consumidores y empresas, lo cual no quiere decir que desaparezcan. Pero la inacciĂłn o dejar que el mercado, de forma espontĂĄnea, resolviera las ecuaciones hubiera conducido a una depresiĂłn en la economĂ­a. Tal y como aconteciĂł en el pasado mĂĄs inmediato, con la crisis financiera de 2008.

Negar la relevancia del sector público y de sus gestores forma parte del acerbo ideológico de la economía y de la política más ortodoxas, menos permeable a buscar otras soluciones a los retos que se tienen. Estas encrucijadas tienen perfiles nítidos, y no son temas de futuro. Están presentes, y algunos los han negado arrinconando las aportaciones de la ciencia. El cambio climático, la emergencia energética, la digitalización, el envejecimiento de la población, factores que tienen –y tendrán todavía más– corolarios claros en los mercados de trabajo. Debates abiertos, con aluvión de datos. Igualmente, en las políticas de migración y de pensiones. No es extraño, por tanto, que instituciones financieras estén trabajando sobre estos temas, e incluso desde los bancos centrales se estimulen investigaciones que aportan datos, argumentos, modelos matemáticos, para encarar tales envites. En diferentes reuniones científicas al respecto, con presencia de representantes del Banco Central Europeo, Reserva Federal, Banco de Inglaterra, Banco de España, entre otras entidades, se ha trabajado con intensidad, a partir de documentos concretos. Con matices y diferenciaciones argumentales, se defiende en buena parte de ellos la reivindicación de que el sector público debe intervenir, en coordinación con los instrumentos de política monetaria. Aspecto relevante, a discutir, a debatir, a repensar. Tras las esperadas convulsiones electorales, se debe dar tiempo a volver, con serenidad y rigor, a esos temas. Blindarlos de la cacofonía acientífica de los ignorantes.