Ya sé que, como se dice ahora, estamos ya en otra pantalla, pero permítanme que pulse el rewind para hacer un análisis sosegado de algo, que es como tienen que ser los análisis.

En días pasados se ha debatido una moción de censura a Mariano Rajoy presentada por el PSOE. Y, durante su debate, se ha discutido sobre la corrupción, convicta, aunque no confesa, del Partido Popular y de muchos de sus miembros. Pero, ¿por qué se produce esa corrupción? Uno de los políticos españoles más experimentados, Mariano Rajoy y, por su cargo, el presunto mejor conocedor de la misma, nos lo ha explicado en ese debate. Y hay varias razones.

La primera es que, realmente, no hay corrupción en ese partido, ya que, la que se ha comprobado, corresponde a hechos aislados que no son propios del PP sino, que constituyen hechos minoritarios en dicho partido. Para empezar, eso es correcto: para que fueran mayoritarios deberían haber imputado a cientos de miles de militantes, hasta que totalizaran el 51% de los mismos y, eso, todavía no ha ocurrido.

Además, los casos ya juzgados lo han sido con sentencias que no son firmes, además de ser tendenciosas y, al partido, no se le ha condenado penalmente como entidad jurídica. También, de momento, es verdad: la responsabilidad penal de las personas jurídicas viene de una norma posterior a la comisión de los delitos probados y el que el PP sea beneficiario del botín es similar a que, alguien, hubiera dejado el dinero en la puerta de Génova 13 como si se tratara de un recién nacido en el torno de una inclusa.

También es cierto que los condenados, y algunos imputados, fueron dados de baja en el PP, aún a riesgo de que, dado su elevado número, bajara sensiblemente la afiliación al partido. Tan cierto es eso que, en la actualidad, han exportado corruptos a otras formaciones como en el caso de Zaplana que ha acabado, según el PP, en Ciudadanos.

Por todo lo anterior, el PP no sería un partido afectado por la corrupción política, económica o de cualquier otro tipo sino víctima de una gran conspiración de policía, jueces, y medios de comunicación. Algo así como el holocausto judío.

Luego, hay una razón que no termina de entenderse bien, ya que se refiere a que la corrupción bien entendida es la que practican los demás, especialmente el PSOE, independientemente de que se les pudieran aplicar los anteriores criterios exculpatorios.

Porque, en todo caso, el propio hecho de que los demás también se corrompan, sería una justificación de la corrupción del PP si esta lo fuere. Defenderse de una acusación de corrupción con el argumento de que también se corrompen otros es como defenderse de asesinato en un juicio penal exhibiendo los índices de criminalidad del país. Pero eso hacen en el PP.

Y, lo más importante de todo, la corrupción es intrascendente cuando estamos hablando de valores de orden superior. Por ejemplo, la estabilidad política y, sobre todo, económica del país, que solo es posible si el PP sigue gobernando España. Y, ante esa verdad incuestionable, habría que elegir entre estabilidad económica con corrupción o inestabilidad sin corrupción. Y, eso, está avalado por expertos en la materia: según nos dijo hace poco el anterior Gobernador del Banco de España, la corrupción no afecta a la economía de nuestro país.

Pero, como Rajoy nos explicó anteriormente que no existe, ni ha existido, corrupción en el PP, no es necesario plantearse esta disyuntiva. Simplemente, ha de tenerse en cuenta que, quien quiera estabilidad económica, es decir mantener la actual situación por injusta que algunos puedan pensar que es, debería aferrarse al PP como si le fuera en ello la propia existencia.

Si tenemos en cuenta que para resolver un problema hay que definirlo primero como tal y el PP no tiene el asunto de la corrupción como un problema propio, habría que deducir que, en el futuro, pueden seguir practicándola en cuanto tengan ocasión. Es conocido el método de rehabilitación de los alcohólicos que incluye la terapia de grupo donde deben empezar reconociéndose como tales. Aplicando ese método, el PP debería haber destacado a alguien que dijera en el Congreso: Me llamo Mariano (por ejemplo) y soy corrupto.

Mientras no hagan algo así, yo dudaría de que no volvieran a reincidir. Porque, y es el corolario de lo anterior: el PP no cree que todo eso que han denunciado conocedores de los hechos, investigado por la policía, ratificado por testigos o arrepentidos, juzgado por los tribunales y contado por los medios de comunicación, no es corrupción sino, «esas cosas a las que usted se refiere«.

Por eso hay corrupción. Porque no tienen conciencia de mal, aunque haya quien piense que lo que tienen es un morro que se lo pisan.