Han sido meses tensos e intensos, algo nuevo inundaba toda la actividad de noticias y de sentimientos, de pensamientos y de relaciones, de periodistas y de tertulianos, todos hablaban desde el lugar del que todo lo puede y casi todo o todo lo sabe, incluso metiendo la pata, en ocasiones. Hay que estar muy ducho en publicaciones médicas para entender la orientación que tiene lo que se quiere decir, por ejemplo desconocen la línea de cada publicación, no es igual publicar para el New England Jounal of Medicine o para al American Journal of Medicine o para The International Journal of Medicine, a pesar de tener similar relevancia, diciendo lo mismo pues no se dice igual y pudiera parecer diferente. Las trampas del lenguaje.

Dicho esto, vamos caminando hacia el día después del confinamiento y de la pandemia, parece que vamos a dar por superado el dichoso confinamiento y la pandemia y… ¿qué va a pasar?

¡Quién lo iba a decir! Una autorización de paseos de niños y niñas desencadena toda una catarata de suposiciones, de ilusiones, de pensamientos diversos, de elucubraciones simpar, de preguntas diversas con alcance inconmensurable. Nos acercamos a no se sabe qué, pero se desconoce cuándo y se ignora el cómo. Eso sí corren ríos de tinta por doquier de adivinos y tertulianos de prestigio sin límite.

La primera impresión es que, pase lo que pase, suceda lo que suceda, ya nada va a ser igual. Muchas cosas van a cambiar. Las preguntas del millón son: ¿cuáles son las cosas que van a cambiar?, ¿en qué van a cambiar esas cosas? Contestar a ambas preguntas sería hacer de adivino y ese don no lo poseo, soy consciente de ello. No obstante se puede hacer un ejercicio de gimnasia mental y compartir las sensaciones y las inquietudes y, posiblemente, algún deseo que otro.

Las circunstancias generales no van a ser lo mismo, sabemos que el confinamiento ha “limpiado” el ambiente, no hace falta que nos digan que las concentraciones de óxido nitroso o de anhídrido carbónico han disminuido hasta en un 40-60%, es que lo vemos y lo sentimos: vemos el cielo mejor y más claro, se ven los edificios hasta de forma esbelta, como la foto de las cuatro torres de Madrid y que permite ver los edificios de la Plaza de Castilla e incluso a lo lejos el Pirulí y la sierra de Madrid, parece mentira pero es cierto. Igual ha pasado en París, New York, Londres o Roma. Solo por esto ya merece la pena el confinamiento, por haber hecho la prueba del algodón a los negacionistas de la contaminación ambiental. A lo mejor nos da por pensar que tener el aire limpio merece la pena. Ahora queda que la población en general tome conciencia, para lo que el gobierno debe ser muy pedagógico y poner fotos comparativas y tablas de contaminación, así como resultados de la evolución sanitaria en asmáticos y en cardiópatas crónicos, con lo que se separa de los datos del Covid-19 y aporta la realidad sanitaria.

La gente latina somos muy expresivos, incluso expansivos, en ocasiones. Nos gusta abrazarnos, besarnos, tocarnos… está en nuestro ADN social y relacional. Pues va a ser que tendremos que incluir, al menos durante un tiempo variable pero prolongado, lo que se ha venido llamando la “distancia social”, que no es más que un alejamiento físico más allá de 1,5-2 metros de distancia. No me gusta lo de distancia social, porque lo que se solicita es alejamiento físico, la lejanía social incluye la tendencia al aislamiento y disminución de las interacciones sociales y de la capacidad de relación interpersonal, espero que no nos soliciten este componente los epidemiólogos. Este tema es muy curioso ¿seremos conscientes de tener que prolongar este hecho a lo largo del tiempo? Yo no lo tengo claro, la verdad. Es una característica relacional y social muy arraigada en las interacciones de nuestra cultura y cambiarla solo se puede hacer desde el miedo. ¿Es comprensible inducir miedo para conseguir un objetivo “discutible”? ¿Resulta democrático y educativo conseguir objetivos mediante el miedo?

Una variación del tema citado va a tener su repercusión a nivel familiar y de las relaciones de pareja. Esa cercanía con los niños en el abrazo, en sentarles en nuestras rodillas para leer un cuento se va a ver afectado. ¿En qué medida? Pues depende de nosotros y de cómo lo trasmitamos. Lo cierto es que me cuesta verme a mí mismo dando el codo a mi hija en vez de un abrazo y un par de besos. Las investigaciones sobre apego nos dicen que necesitamos unos 9 abrazos al día para que el nivel de oxitocina sea el adecuado para la estabilidad emocional que nos predispone a un apego saludable. ¿Cómo se van a alterar las conductas de apego y sus proyecciones en las personas y los procesos vinculares entre las personas?

Las relaciones de pareja van a tener su intríngulis. ¿Cómo se va a hacer el amor?  Es difícil hacerlo manteniendo la distancia social/física que nos requieren los epidemiólogos, so pena que lo hagamos por estimulaciones on-line o nos baste con el succionador. Difícil, muy difícil entenderlo de forma “aséptica”. Esto en cuanto a las parejas establecidas. Pero, ¿qué va a pasar con los ligues más… ocasionales? El SIDA nos puso el condón, ahora el Covid-19 nos pone la mascarilla y los guantes. Se va complicando la cosa una barbaridad, desconozco si se van a facilitar las relaciones sexuales o se van a dificultar, lo que sí es cierto es que ya no van a ser lo mismo. Por cierto, la pregunta obligada ya no es ¿estudias o trabajas?, sino que ha pasado a ser: ¿te has hecho la serología? Una incomodidad. Los sexólogos lo van a tener muy difícil, se va a alterar la forma de hacer el amor, el apetito sexual y su forma de expresarse van a sufrir modificaciones, quizá se pierda la espontaneidad y aparezcan unas relaciones más racionalizadas y planificadas ¿Se imaginan Uds racionalizando una pasión y su forma de expresión? Será un lío padre y pasto de terapias infinitas… Ríanse de Woody Allen.

No olvidar que, si se descubren tratamientos específicos o la vacuna, se debe asegurar el acceso en equidad a toda la población. Esa es una responsabilidad ética de los gobiernos. No digo más. Pero que no se nos olvide, porque aún falta tiempo para conseguir una u otra cosa y la memoria podría jugarnos malas pasadas. Quiero dejarlo por escrito: hay que asegurar que la vacuna de Covid-19, cuando se consiga si se consigue, llegue a toda la población, es una responsabilidad ética y asistencial para asegurar ese acceso general de la población y le corresponde al gobierno preservarlo y hacerlo cumplir.

Luego están los “empresarios generosos” que deslocalizaron sus empresas a China o a India y que la crisis epidémica ha situado su acción en la caridad, como mecanismo de reparación de la culpa sentida por el hecho de tener la solución a más de 10.000 kilómetros. Verán, la ciudadanía no queremos caridad, queremos que el marco de la producción industrial se encuentre en nuestra tierra y que sea más flexible, con capacidad para redefinir su línea de producción según la demanda en un momento dado. Quien lo dice en la línea textil, también lo expresa en otras industrias sobre la elaboración de instrumentos u objetos más versátiles, como las piezas para un respirador o la investigación médica o químico-biológica para producir los test de forma masiva, en un momento dado. Pues esa deslocalización se va a tener que replantear, porque además aportará más puestos laborales para afrontar la crisis económica, cierto que irá en detrimento de las ganancias de los propietarios de las industrias, si mantienen el precio, pero ya va siendo hora que sean solidarios con la gente y no caritativos eventuales. No queremos caridad, sino justicia social.

En la crisis se ha puesto en evidencia que ha sido la salud pública, la sanidad pública, la que ha encarado con decisión y valentía el afrontamiento de la pandemia. Los estados con una sanidad pública han afrontado con más garantías todo el proceso de la pandemia. Hacer recortes en sanidad mata, esa es la conclusión de esta crisis. Mire, dos ejemplos en España: Madrid, con toda su reconversión, privatización y recortes sanitarios públicos desde el año 2005, ha sido la peor comunidad autónoma en todos los indicadores de esta pandemia; sin embargo, Asturias, que apostó por un diseño claramente de gestión sanitaria pública, puede presentar uno de los mejores cuadros de resultados en esta pandemia. La propia OMS avisó que el comportamiento, a la hora de afrontar la crisis sanitaria, sería mejor en los países que contaban con un sistema sanitario público fuerte. Así que un cambio a realizar consiste en reforzar y blindar la sanidad pública, para evitar las veleidades de la privatización de algunas fuerzas políticas. La asistencia privada tampoco ha sido solidaria, incluso en alguna Comunidad Autónoma algunas empresas sanitarias de gestión privada han presentado un ERTE en plena pandemia en fase aguda.

Pero este afrontar el funcionamiento del SNS español cuenta con unas líneas más allá de las formulaciones de sanidad pública. Es fundamental dotar de instrumentos reales para que el aspecto funcional sea tal. Nuestro sistema sanitario era muy potente, presumíamos de ser de los mejores del mundo, pero para las actividades habituales de una asistencia sanitaria “cotidiana”, aún así había quejas de dotación de recursos materiales y profesionales con carencias enormes, como es el caso de la atención a la salud mental y, sobre todo, de la infancia y la adolescencia. Ante esta situación el desbordamiento en la pandemia fue muy fácil. Se venía avisando desde hace unos años: “el SNS tiene un equilibrio inestable”, “el SNS está en un riesgo muy evidente”, costaba verlo hasta que… la crisis lo puso de manifiesto. Solo voy a enunciar algunos aspectos que desde, el mismo día después, se deben abordar de forma inexcusable y urgente: desarrollar la ley de salud pública de 2011 que permanece en el cajón de los sueños rotos (con una epidemiología y vigilancia epidemiológica en su lugar de conceptualización de riesgos, pero no en el de planificación de la asistencia directa, precisa incrementar la educación sanitaria, diseñar una comunicación sanitaria a la población de forma adecuada, comprensible y rigurosa); un impulso de cambio a la Atención Primaria (la gran desaparecida de esta crisis) en el sentido de desarrollar la estrategia de Atención Primaria publicada y olvidada; reformulación de la asistencia hospitalaria con planificación adecuada, dotación de camas y recursos materiales y profesionales actualizados y modernos, revaluar las ratios entre camas de UCI con el resto de las camas hospitalarias, visto que lo de ahora ha quedado obsoleto; la reformulación de la estrategia de Salud mental que incluya los aspectos preventivos de atención sobre la infancia y la adolescencia y el apoyo real a los profesionales sanitarios; la actualización de la investigación potenciando las aportaciones de los diferentes grupos de investigación existentes en España y que consigan actuar de forma coordinada; la digitalización del sistema y el trabajo de la información sanitaria de forma más eficaz, moderna y eficiente, con doble accesibilidad a los datos de los pacientes y a las fuentes bibliográficas que cuenten con más evidencias científicas; formación de los profesionales sanitarios más flexible y actualizada, revisando el actual sistema MIR en su conjunto, una necesidad imperiosa y el melón de la formación continuada que debe huir de la financiación por parte de la industria farmacéutica, los profesionales deben ser los que precisa el sistema sanitario público y no lo que interese, en un momento dado, por estrategia privada a la industria.

Voy a formular una urgente necesidad: debe elaborarse una política actual y novedosa de Recursos Humanos en el Sistema Sanitario, es difícil, pero es algo urgente que no puede esperar más. Una necesidad incomprensiblemente pospuesta. El sistema sanitario público se asienta en los profesionales, son su santo y seña, su seña de identidad más firme y más constante, es la marca de empresa a la que ni debe ni puede renunciar una buena gestión pública de la sanidad. No se puede seguir con más de un tercio de personal interino, no se puede continuar con una segmentización de los profesionales anticuada y basada en jerarquía y no en el trabajo en equipo. Debe introducirse el principio de la calidad asistencial y la formación continuada en la progresión profesional. La carrera profesional es un concepto que no debe quedar solo en una remuneración económica mayor o menor en los complementos del sueldo. ¿Es de recibo que un profesional con una experiencia y formación de tres décadas o más, con formación demostrada siga realizando la misma tarea profesional que un profesional que recientemente ha finalizado su especialidad? Estos desfases y otros deben ser abordados desde ya, porque son el sustento del sistema.

La financiación del sistema sanitario público debe realizarse sin trabas, debemos decidir qué sistema queremos y precisamos y financiarlo. A Economía y a Hacienda hay que puntualizar que los presupuestos de sanidad no son gasto, sino que es una inversión en la población para el futuro. Lo tendremos que repetir muchas veces: EL PRESUPUESTO DE SANIDAD NO ES GASTO, ES INVERSIÓN. De hecho, la derecha lo tiene muy claro cuando dice que la sanidad es uno de los yacimientos fundamentales para el negocio, por esta razón hay que ser contundentes y blindar la sanidad pública como un derecho fundamental de la población en su conjunto. Es una inversión directa pues recupera a los trabajadores enfermos y sus familias para que sigan produciendo plusvalías y estimulando el consumo. Pero también es una inversión indirecta por sus consumos de productos (comida, guantes, mascarillas, calzas, textiles), por la investigación que genera inversiones industriales para el aparataje médico (respiradores, aparatos de radiología o radioterapia, aparatos para los laboratorios que hacen determinaciones analíticas, …), para los productos farmacéuticos y sus patentes, pero también para enseres habituales (camas, mesas, sillas …) e informáticos (ordenadores, programas de gestión o de investigación o práctica clínica). Definitivamente sí, la sanidad no es un gasto, sino una inversión potente que, además, actúa como un potente mecanismo de cohesión y solidaridad social y territorial.

La industria farmacéutica tampoco puede continuar igual, debe adaptarse a los nuevos tiempos, mirar más a las demandas y necesidades de la población y del sistema sanitario, adecuando los costes reales a los precios de venta de sus productos en las oficinas de farmacia. Es cierto que es una industria de un sector estratégico, y por ello debe ocupar un lugar de servicio público y no de negocio por el negocio. La amortización de la inversión en la obtención de un nuevo producto, con los precios actuales se puede conseguir en un año y luego, por la ley de patentes, tener 9 años de ganancia pura y dura. El simple cambio de realizar la amortización diferida a 6-8 años, aún aportaría a la industria, caso de continuar con la ley de patentes, entre 2-4 años de ganancia limpia y, sin lugar a dudas, abarataría el precio final para la ciudadanía.

Sí, indudablemente existen muchas cosas que deben cambiar “the day after”, no nos damos cuenta pero ya estamos en ese camino y el cambio lo hacemos entre todos y todas. No lo podemos ni debemos demorar.

Por cierto, Ud mucho explicar, pero ¿cómo influye todo esto en la mente?, ¿también va a cambiar nuestra mente? Pues verá, le contesto como decía Michael Ende, en La Historia interminable, “eso será para ser contado en otra ocasión”.