Esta película es el debut en el largometraje de Ana Piterbarg, realizadora de televisión con una amplia experiencia en Argentina. Aunque tiene una producción sorprendente, una ambientación muy conseguida e incluso misteriosa y unas brillantes interpretaciones, lamentablemente, no llega a ser unsólido relato sobre la crisis de identidad.

“Todos tenemos un plan” cuenta la historia de Agustín (ViggoMortensen), un hombre desesperado por abandonar lo que paulatinamente se ha convertido en una frustrante existencia tras vivir durante años en Buenos Aires. Después de la muerte de Pedro (su hermano gemelo), Agustín se dispone a empezar una nueva vida asumiendo la identidad de Pedro y retornando a la misteriosa región del Delta del Tigre, donde transcurrió la infancia de ambos hermanos. Sin embargo, poco tiempo después de su regreso, Agustín se ve involuntariamente implicado en el peligroso mundo criminal del que su hermano había formado parte.

Podíamos definir esta cinta como una mezcla de drama psicológico, de intriga criminal y hasta de cine social. Pero lo que en un inicio de su visionado se aventura, con el paso de los minutos no se llega a concretar en ningún momento. Las expectativas que abre en el espectador tanto su estrategia promocional como su historia no se ve correspondida en ningún momento por su resultado final.

La interpretación de Mortensen es impecable y rigurosa, pero no podemos obviar la falta de definición de los personajes, escasamente perfilados. Y algunos, directamente superfluos, como el que interpreta la desaprovechada Soledad Villamil.

A su favor podemos decir, que la historia engancha al espectador desde el principio y mantiene su atención sin aprovecharse de los recursos habituales del suspense y hace de la lentitud la pieza clave para crear el desasosiego y la angustia que nos transmiten los personajes.