El próximo 28 de abril, como cada año, conmemoramos el Día Internacional de la Seguridad y Salud en el Trabajo, es un momento muy importante para recordar a las víctimas y para reivindicar nuevas políticas que, en materia de seguridad y salud, eviten estas tragedias y prevengan y reparen los daños.

Las organizaciones sindicales vienen reivindicando, con razón, la necesidad de abordar la prevención de los riesgos psicosociales y la atención, tratamiento y protección frente a las enfermedades derivadas de ellos.

Un reciente estudio puesto en marcha por la UGT del País Valenciano, en colaboración con la Universidad de Valencia y el Instituto Valenciano de Seguridad y Salud en el Trabajo, aborda la salud mental y la prevención de riesgos laborales y pone de manifiesto que uno de los condicionantes fundamentales de los problemas de salud mental son las condiciones de trabajo.

Destaca el estudio mencionado, que entre el 17 y el 27% de personas sufren ansiedad en el trabajo, entre el 30 y el 38% dicen experimentar estrés siempre o casi siempre y, en general, un 47% reconocen encontrarse expuestos en su lugar de trabajo a factores de riesgo para su salud mental, afectando además de forma más constante a las mujeres.

Según los datos citados, en el estudio mencionado, del informe del Parlamento Europeo sobre salud y seguridad en el trabajo (Informe A9-0023/2022), más del 25% de los trabajadores en Europa padecen estrés laboral excesivo. De hecho, el 51% de los trabajadores de la Unión Europea afirman que el estrés es habitual en su lugar de trabajo.

En España, el 60% de las personas trabajadoras encuestadas en la VII Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo considera que el desempeño de sus funciones laborales ha agravado o ha originado su depresión.

Los estudios ponen de manifiesto que solo con tres grandes actuaciones podrían reducirse entre un 60 y un 80% los casos de mala salud mental en las personas trabajadoras. Una de estas líneas de actuación es la vinculada con la regulación de ritmos, cargas y exigencias laborales, otra relacionada con la reducción de la precariedad laboral, los salarios insuficientes y el temor a pedir mejoras en las condiciones y en la reducción de los horarios laborales, y la tercera de estas líneas propuestas se centra en la mejora de las relaciones sociales en el mundo laboral, priorizando la resolución de conflictos.

El estudio mencionado arriba, además de señalar las dificultades respecto a la clasificación como accidente laboral de los problemas de salud mental, aporta interesantes propuestas y recomendaciones para prevenir los riesgos psicosociales. Entre ellos, incorporar los riesgos psicosociales como contenido específico de la evaluación de riesgos laborales, incluir contenidos específicos de formación en materia de riesgos psicosociales, así como crear nuevas figuras de representación especializada en materia de riesgos laborales más adaptadas a las nuevas necesidades.

Por otra parte, este año la OIT, de manera acertada, centra el 28 de abril en explorar las repercusiones del cambio climático en la seguridad y la salud en el trabajo. Señala cómo los patrones climáticos cambiantes tienen importantes repercusiones en el mundo del trabajo y afectan particularmente a la seguridad y salud en el trabajo.

Indica la OIT como ejemplos de riesgos laborales exacerbados por el cambio climático, el estrés térmico, la radiación UV, la contaminación atmosférica, los accidentes industriales graves, los fenómenos meteorológicos extremos, el aumento de las enfermedades transmitidas por vectores y la mayor exposición a los productos agroquímicos.

El estrés térmico ocupacional pone en peligro la seguridad y salud de las personas trabajadoras y aumenta el riesgo de lesiones y enfermedades relacionadas con el calor. Adaptar los horarios de trabajo, aumentar las pausas y rotar a las personas trabajadoras, adecuar la ropa de trabajo, beber agua con regularidad y realizar controles de salud son medidas muy importantes para reducir los riesgos.

Junto a los riesgos psicosociales y a los riesgos laborales derivados del impacto del cambio climático, la incorporación de la perspectiva de género en las estrategias de prevención de riesgos laborales para la seguridad y salud en el trabajo, como ya se ha avanzado en la Estrategia Española de Seguridad y Salud en el Trabajo 2023-2027, son ejes imprescindibles tanto para la negociación colectiva como para la necesaria reforma y actualización de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales.

Es una buena fecha el próximo 28 de abril para reafirmar la necesidad de priorizar los trabajos iniciados por la Mesa de Diálogo Social para la actualización y reforma de la Ley 31/1995, de Prevención de Riesgos Laborales. Una ley que, tras 28 años de vigencia y de haber contribuido, aún con todo el recorrido pendiente, a la implementación de la cultura preventiva en materia de salud laboral, requiere de una profunda actualización a las nuevas realidades. Avancemos en ello y avanzaremos en hacer realidad que trabajamos para vivir.