Los buenos datos del Servicio Público de Empleo a principios de enero, con 782.233 parados menos y casi 20 millones de afiliados a la seguridad social, se han visto confirmados con la EPA del cuarto trimestre del 2021, que recoge la creación de 840.000 empleos en ese año, casi 21 millones de ocupados, una bajada del paro hasta el 13’3% (la menor cota en 14 años), y un 25% de empleo temporal.

Lo primero que manifiestan estas cifras es que esta crisis se ha gestionado de forma diferente a la anterior, lo que ha provocado una menor destrucción de empleo y una recuperación más rápida. En tan solo dos años se ha posibilitado recuperar los niveles de empleo y paro anteriores, con datos mejores a los que había antes de la pandemia.

La ocupación supera en 218.000 empleos el dato del IV T. del año 2019 y en 2021 se crearon 2.800 puestos de trabajo al día, un dato solo superado en 2005 con una coyuntura muy diferente a la actual, en la que la crisis del coronavirus ha condicionado la ralentización económica en algunos sectores.

En todo caso, hay muchas explicaciones a este incremento del empleo. Para empezar, los ERTE han amortiguado la destrucción de puestos de trabajo. El consenso entre empresarios, sindicatos y gobierno en las diferentes ampliaciones, con ayudas económicas bien canalizadas, han sido muy efectivas. Por otro lado, las ayudas de los diferentes programas del ICO y de las CC.AA han contribuido a atenuar las pérdidas de los sectores más perjudicados. Todo ello ha servido para amortiguar el desplome económico que supusieron los cierres del año 2020 y ha posibilitado el relanzamiento de la actividad del pasado año.

El tirón se produce en todos los sectores, con especial incidencia en el sector servicios, que ha actuado de locomotora de la recuperación. El sector privado con 744.300 empleos frente a un sector público que crece en 96.400, demuestra una vez más que las afirmaciones de Pablo Casado de que estos datos están “dopados” por el incremento de contrataciones de trabajadores de las administraciones, vuelven a ser una falacia.

El empleo femenino ha crecido más que el masculino, probablemente porque las mujeres fueron más castigadas en la pandemia y se está recuperando parte de ese empleo perdido. Por edad crece en casi todos los tramos, especialmente entre los parados de 55 años en adelante mientras que se produce un hundimiento entre los 16 y 24 años, difícilmente explicable para los expertos.

En los 12 meses el paro ha descendido en 615.900 personas (16’6%) y se han mejorado los datos anteriores a la pandemia disminuyendo el 2’8% hasta situarse en el 13’3%, ocho puntos por encima de la media de la UE y el tercer país con más desempleo de la misma.

A pesar de estas mejoras, que nos pueden llevar a un cierto triunfalismo, hay algunos elementos de la EPA que no se pueden obviar y que denotan la debilidad estructural de nuestro mercado de trabajo. La temporalidad sigue siendo muy alta, el 25’3% de media, con una escalada en las administraciones públicas injustificable. A expensas de que la nueva Ley corrija estas cifras, son insostenibles, ya que lastran el desarrollo social y personal de millones de trabajadores y limita el desarrollo de un modelo económico más competitivo. El incremento del desempleo en los jóvenes entre 16 y 24 años merece un exhaustivo análisis de las causas, de la misma manera que es preciso desarrollar políticas específicas de choque con programas claros y  orientación laboral y profesional que reduzca el 38% de desempleo juvenil.

El número de hogares con todos los miembros activos en paro supera el millón, a pesar de haber disminuido en 178.200. Este país no puede permitirse bolsas de marginación de este calibre o que haya 563.700 familias que no cuentan con ningún perceptor de ingresos.

El hecho de que las horas trabajadas estén todavía un 3’8% por debajo de las del año 2019, puede tener explicación en la existencia de los ERTE, el incremento de las bajas producidas por la Covid o las reducciones de jornada por la ralentización de actividad en algunos sectores, pero los contratos a tiempo parcial indeseados que han proliferado desde la reforma de Rajoy, son el soporte de empleo pobre, muy feminizado que debería regularse para evitar abusos, tanto en el sector privado como en el público.

Hay muchos más elementos que se podrían reseñar de la enrome información que brinda la EPA y que desde un punto de vista constructivo le podría servir a la oposición para sugerir críticas, plantear alternativas, elaborar políticas de empleo. No se va a producir. Las ocurrencias, las mentiras y las interpretaciones tergiversadas se imponen. Mientras tanto, la ciudadanía no puede contrastar propuestas y solo de escuchar a algunos líderes no queda otra opción que refugiarse en la melancolía.