El título de la película What Lies Beneath de los eternamente guapos maduros Harrison Ford y Michelle Pfeiffer, en España se tradujo como Lo que la verdad esconde, ha sido utilizado para muchos asuntos y hoy no me resisto a no hacerlo para hablar de lo que este verano estamos viviendo. Como en la mencionada película la historia va de terror, fantasma y muertos.

Para ello pongamos en relación: El toma y daca del “proceso catalán” de este verano, sus leyes de referéndum, desconexión, etc.; que las administraciones se alertan ahora de que el turismo es la primera industria nacional, pero que de no ser regulada tiene altos riesgos sociales y no saben cómo; el conflicto laboral en el Aeropuerto del Prat pasándose la pelota una administración a la otra; el despropósito de debate sobre la responsabilidad presidencial en el caso Gürtell y el trágico asesinato de ciudadanos en las Ramblas de Barcelona, seguido de guerra de banderas, declaraciones, aclaraciones y espectáculos posteriores. Después repasemos la historia política de España y llegaremos a la conclusión de que Cánovas del Castillo, a la par de cínico, era un envidiable conocedor de nuestra entidad nacional (catalanes incluidos) al decirle a don Manuel Alonso Martínez, cuando se discutía el artículo primero de la Constitución de 1876 que este debía rezar así: «Son españoles, los que no pueden ser otra cosa».

La lectura del periódico este verano ha terminado siendo más inquitante que una novela negra en lo policiaco (con CIA, NSA…incluidas) y en lo humorístico. Nos dejamos llevar por el torbellino de los medios de comunicación y con ello estamos perdidos. Están marcando la agenda política y, como sabemos, los medios nunca se equivocan. Ellos no mienten, todo lo cuentan, no tienen intereses ocultos, y valoraciones y opiniones son el reflejo de la única verdad. Fundamentada por impostados expertos. Y contando con montones de políticos ávidos de ser escuchados aunque lo que digan sea solemne tontería y si no la dice el político, avezado o nobel, ya la pone el medio.

Este contexto permite que la verdad o la mentira sean tan distinguibles como el olor de las nubes o el olor del pH del agua del mar. Es por ello por lo que oímos a los dirigentes políticos del PP hablar de “unidad frente al terrorismo” y de la gran “capacidad que existe para luchar y terminar con él”. Sin entrar en grandes relatos, hay que recordar la nula unidad mostrada por los populares cuando estaban en la oposición y la utilización de funcionarios felones de los Cuerpos de Seguridad que han puesto en entre dicho la profesionalidad de sus compañeros por finalidades políticas. Ahí está su actitud en el Caso Faisán y en otros tantos hechos que fueron palos en las ruedas de la política antiterrorista que no fuera la suya. Ello nos puede hacer preguntarnos, con preocupación, qué está detrás de la filtración del aviso de la Inteligencia estadounidense a la española sobre el atentado de Las Ramblas. No se filtró, estaba en el diariodeavisos.com. En lógica democrática el Ministro y Consejero habrían hablado de ello infinidad de veces por el aviso y por todo…antes y después de aparecer la filtración. Aquí la lógica es otra.

La seguridad es compleja por naturaleza, más cuando hay actos terroristas y una amenaza permanente. Por ello, no se puede frivolizar y utilizar como arma arrojadiza en contiendas políticas electorales. No por patriotismo. Es humanidad y salvaguardia de la vida.

Si la seguridad es cosa seria, el Parlamento también. Es preocupante que el máximo responsable político de la nación utilice su intervención en él, lugar de residencia de la soberanía de pueblo, para reírse y mofarse de sus representantes. Lo que hizo con desmedido ejercicio de prepotencia, sobrado y arrogante ante los portavoces de los diferentes grupos. Hace tiempo que la política no es lo que era, pero hemos llegado a un punto de escalada inadmisible cuando el presidente del gobierno se permite decir a la portavoz del primer partido de la oposición: “Conociéndola no esperaba que usase otros argumentos”, espetando a la diputada a renglón seguido “un poco de pudor porque será difícil que pueda tomarla en serio”. Es cultura antidemocrática. No es ser “más chulo que un ocho” que le dijera Tardá para posteriormente pedirle a Rajoy que se preguntara cuántos de los deseos de independencia tenían causa en la corrupción que él lidera. ¿Cuánto nos debemos preguntar todos?

Tienen razón sus seguidores, Rajoy no miente al Parlamento. Sólo le oculta la verdad. Es una concepción de la política tan vieja como reaccionaria. La misma verdad que están ocultando los líderes del intento de segregación catalana para que no se perciba el lío en que se han metido. Tampoco saben hacer política de otra manera. Es lo malo que tiene el nacionalismo (estatal o regional) que tiene un único discurso: mi razón es absoluta. Encima el catalán ha terminado cayendo en manos de los des-temporalizados revolucionarios de canuto y “binge drinking” de la CUP. Con lo que era la burguesía catalana capaz de integrar a un Tarradellas, rechazando el concepto de «Países Catalanes», o un Heribert Barrera con su idea del «débil mental genético».

Por tanto, ¿es posible que Rajoy esté utilizando cuestiones de seguridad para dañar la imagen del gobierno catalán en la bronca del referéndum catalán? Sí, es su estilo. Asimismo también es posible que los líderes del separatismo hayan podido falsear información para parecer verdaderos estadistas y tapar la ineficacia e ineficiencia de la que todos están haciendo gala. No tienen otra, utilizar esas artes o el precipicio.

Estamos contemplando el enfrentamiento de dos Escuelas de Hacer Política, con más semejanzas que diferencias, cuya divisa es jugar con la política. Lo peor no es que engañen es que se auto engañan. Alcanzan sus grandes objetivos justificando sacrificar los pequeños intereses de los ciudadanos. No es una verdad factual es la verdad nacional.

Les regalaría a todos una cita de mi admirada Hannah Arendt en “Verdad y Política”: “La verdad, aunque resulte impotente y siempre salga derrotada en un choque frontal con los poderes establecidos, tiene una fuerza peculiar: hagan lo que hagan quienes ejercen el poder, son incapaces de descubrir o inventar un sucedáneo viable de ella. La persuasión y la violencia pueden destruir la verdad pero no pueden reemplazarla”[1].                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                             [1] Hannah Arendt VERDAD Y MENTIRA EN POLITICA. Página Indómita. Barcelona 2017 pág. 74