Cuánto han cambiado nuestras vidas desde que hizo acto de presencia el COVID-19. Nueve meses que han transformado el mundo, pero que no deben hacernos olvidar otras luchas por la salud pública.

Otro año más, quizás con menor repercusión al estar todas las miradas puestas en la pandemia de COVID-19, el día 1 de diciembre hemos conmemorado el Día Mundial del Sida. Qué lejos queda aquel mes de junio de 1981, cuando en Estados Unidos fueron diagnosticados los cinco primeros casos de lo que después se conocería como sida.

Desde aquellos días de miedo y discriminación, donde el sida era sinónimo de muerte se ha logrado, con mucho sacrificio y esfuerzo, convertir el sida en una epidemia a la que se pretende poner fin para el año 2030. Pero ni el camino hasta aquí ha sido fácil, ni el que queda por recorrer lo será.

Con 38 millones de personas que viven con sida a finales de 2019. Con 75,7 millones de personas que han contraído el sida desde el principio de la epidemia. Y con 32,7 millones de fallecidos a causa de enfermedades relacionadas con el sida, se llega a un nuevo día 1 de diciembre, con la reivindicación de garantizar el derecho a la salud y a una vida sana de los enfermos.

Mucho se ha avanzado. Como señala ONUSIDA:

  • Desde el pico alcanzado en 2004, los casos de muertes relacionadas con el sida se han reducido en más de un 60 por ciento. Pero siguen siendo muchas, concretamente 690.000 personas en 2019.
  • Desde el pico alcanzado en 1998, las nuevas infecciones se han reducido en un 40 por ciento. Pero siguen siendo muchas, concretamente 1,7 millones en 2019.
  • En 2019, el 67 por ciento de todas las personas con sida tuvieron acceso al tratamiento antirretroviral, lo que significa 26 millones de personas.

Buenas noticias. Pero hay que seguir haciendo hincapié en la prevención y en la inversión. Una prevención, que pasa por la información, pero también por la formación para acabar con la discriminación que en algunos lugares del mundo se produce en los centros sanitarios con estos enfermos.

Y una inversión, que debe ser mayor para conseguir los objetivos, como se pone de manifiesto en el descubrimiento de una vacuna para el COVID-19. A finales de 2019, había 18.600 millones de dólares estadounidenses para la respuesta al sida en los países de ingresos bajos y medianos, casi 1.300 millones menos que en 2017. Cuando ONUSIDA estima que se necesitarían 26.200 millones de dólares estadounidenses para la respuesta al sida en 2020.

En cuanto a España, la tasa global de nuevos diagnósticos está en niveles similares a los de otros países de la Región Europea de la OMS. Sin embargo, aunque la mejora respecto a décadas pasadas es indudable, la tasa es superior a la media de la Unión Europea y de los países de Europa Occidental.

Por este motivo, es preciso que la prevención y la atención a los enfermos sea uno de los objetivos fundamentales del sistema de salud en España. Con dos premisas. La primera, reforzar la prevención en los grupos de población especialmente vulnerables y en aquellos con mayor riesgo de infección. Y la segunda, diversificando y adaptando la prevención y la acción a las necesidades de un colectivo que social y culturalmente es muy heterogéneo.

La prevención no se puede separar de la concienciación. En España, hay que aumentar la conciencia de toda la población frente al sida, para que todo el mundo tenga presente en su vida diaria que cualquiera que realiza prácticas de riesgo es vulnerable al sida. Y junto a esto, que, si se ha realizado alguna práctica de riesgo, es básico hacerse la prueba del sida, que en nuestro país es gratuita y confidencial, para evitar nuevos contagios.

Por último, hay que contar con recursos suficientes y constantes. Junto con una mayor y mejor coordinación entra las distintas Comunidades Autonómicas y el gobierno central para que todos los ciudadanos sean tratados igual en cualquier lugar de España.

El siete de noviembre de 1991, Magic Johson, una de las mayores leyendas del baloncesto mundial, anunció en rueda de prensa que tenía sida y se retiraba de la práctica del baloncesto profesional. Han pasado veintiséis años desde aquel día, pero es bueno recordar parte de sus declaraciones porque todavía hoy están vigentes: «A veces uno no da importancia a las noticias en este sentido y piensa que nunca le va a ocurrir a él. Crees que solamente le sucede a los homosexuales y jamás a uno mismo… Le puede suceder a cualquiera. Que le ha sucedido a Magic Johnson. Todo el mundo debe estar avisado y tener cuidado».

 

Fotografía: Carmen Barrios