INTRODUCCIÓN

Terminábamos 2021 con un artículo sobre desigualdades y democracia en el marco de las cuatro grandes preocupaciones entre los científicos sobre la situación global y sus riesgos (calentamiento global, inestabilidad económico-financiera deteriorada por la Covid-19, incremento de las desigualdades y conflictos/guerras geopolíticas) que cada día cobran particular incidencia y gravedad, particularmente por los sucesivos episodios climáticos extremos que se están registrando, y por la inestabilidad y gravedad de la situación en la frontera ucranio/rusa.

En este artículo vamos a reflexionar sobre la relación potencial entre las desigualdades, la radicalización política y sus consecuencias potenciales sobre la sostenibilidad ambiental, para tres países específicos: Reino Unido, Alemania y Portugal.

En el último artículo de esta Sección, de 2021, considerábamos el informe publicado del World Inequality Lab(2021)[1], el libro y documentación del World Political Cleavages and Inequality Database[2], y la publicación de Gethin, A., Martínez-Toledano, C. y Piketty, T. (2021)[3], en relación a cómo las desigualdades pueden generar tensiones dentro de cada país y, consecuentemente, afectar a la predisposición y votaciones de los ciudadanos a la hora de elegir a sus representantes políticos, dado que, en la evolución histórica de los ingresos, las mayores variaciones en su distribución personal se producía en el trasvase de ingresos entre las clases medias (40% intermedio) y el 10% de mayores ingresos. Lo que había llevado a que las desigualdades mundiales de riqueza neta de los hogares[4] sean mayores que las desigualdades de ingresos, poseyendo el 10% más rico el 76% de toda la riqueza mundial. Evolución particularmente beneficiosa para los multimillonarios del mundo -incluidos en el citado 10% más rico- que aumentaron su participación en la riqueza global, desde el 1%, en 1995, a casi el 3,5% de la riqueza total de los hogares en 2021.

 El deterioro de la situación de la clase media en los países desarrollados, en gran parte se asociaba a las pérdidas de empleo y al deterioro de las remuneraciones salariales, generados ambos por la deslocalización asociada a la globalización. Y la concentración de la riqueza en los artífices del crecimiento financiero-especulativo, propietarios de acciones e inmuebles beneficiados por la citada especulación, se asociaba –como también señalaba el McKensey Global Institute (2021)[5]– al hecho de que el patrimonio neto mundial había triplicado su valor desde el año 2000, principalmente por el incremento del precio de los activos reales, especialmente los bienes raíces inmobiliarios.

CARACTERIZACIÓN DE LAS DESIGUALDADES EN REINO UNIDO, ALEMANIA, Y PORTUGAL Y RESULTADOS ELECTORALES.

En una visión comparada de la evolución del Riesgo de pobreza y exclusión social (tasa AROPE) de los países señalados, apreciamos sensibles diferencias entre ellos, la media de la UE28 y España, tanto en hombres como en mujeres, tal y como se aprecia en las Figuras siguientes y comentaremos, para cada uno de los tres países citados, en los epígrafes siguientes.

Desigualdades y el fracaso de la opción socialdemócrata en el Reino Unido.

Atendiendo a los datos de las Figuras anteriores, el Reino Unido mantenía, tanto en hombres como en mujeres, una tasa de riesgo de pobreza y exclusión social ligeramente inferior a la de la UE28 hasta 2018, en que supera ésta. En todo caso, para este año en el que la salida del Reino Unido de la Unión Europea hace que sea el último con datos disponibles comparables, siempre se había mantenido en cifras del orden del 21-22%, en hombres, y 23-25% en mujeres, siendo los años 2012 a 2015 los que registran peores niveles de riesgo.

Atendiendo a los cálculos realizados en el World/InequalityReport2022 citado, las desigualdades en el Reino Unido en el siglo XX, tal y como se aprecia en la Figura 3, se habían reducido de forma extrema como consecuencia de las dos Guerras Mundiales, que hacen caer fuertemente las rentas del 10% más rico, con una clase media que recoge del orden del 43% de la renta total en 1970, frente a del orden de un 30% en 1900. Desde entonces, aumenta la participación en los ingresos totales del 10% de mayores rentas, hasta 2010, prácticamente estabilizándose desde entonces, con una clase media que recoge del orden del 44% en 2021, pero con unos ingresos del 50% inferior que se sitúan, en estas fechas, en el orden del 21% del total, con niveles semejantes a los de 1940. Las desigualdades desde 1970 a 2010, medidas por la relación entre los ingresos del 10% superior y el 50% inferior crecen muy sensiblemente hasta niveles similares a los de los años 30 del siglo XX.

Igualmente, atendiendo a la posesión de la riqueza total, la Figura siguiente nos muestra cómo la riqueza del 10% de los hogares más ricos cae desde inicios del siglo XX hasta 1990, recuperándose después hasta cifras del orden del 57% en 2020. Las clases medias van a acumular del orden del 50% de la riqueza en 1990, para reducir su participación a del orden del 48% para 2021.

En el Reino Unido, la década de 1980 se caracteriza por el desmantelamiento de la socialdemocracia, iniciada por el Gobierno de Thatcher, y la instauración del neoliberalismo más radical, con la asunción de una cultura abiertamente racista, sexista, homófoba y xenófoba, que coincide con la inflexión en la distribución de rentas y riquezas, y con el inicio de las nuevas dinámicas reflejadas en las dos Figuras anteriores, en paralelo al incremento del capitalismo multinacional globalizador.

Ante esta dinámica, el laborismo defendía oficialmente la diversidad y la igualdad de oportunidades ante el incremento del descontento creciente asociado a la expansión del liberalismo económico global. Pero sin cuestionar las raíces de lo que se ha venido a denominar socioliberalismo que, en última instancia, mantenía los intereses del capital. Y con un Nuevo Laborismo que va a abandonar la socialdemocracia tradicional, lo que permite entender el giro de la clase obrera escocesa que, en las elecciones de 2015, apostó mayoritariamente por el Scottish National Party (SNP) que se hizo con cuarenta de los cuarenta y un escaños escoceses normalmente ganados por el Partido Laborista.

Desde 2015, los cambios en la distribución de votos entre los principales partidos van a ser muy significativos, tal y como se aprecia en el Cuadro siguiente.

Como se aprecia, en las elecciones en 2015 los laboristas sólo mantenían la mayoría de los votos correspondientes a los grupos sociales más desfavorecidos; y eran superados por otros partidos en su tradicional mayoría entre los trabajadores manuales especializados.

El manifiesto electoral del Partido Laborista para las elecciones de 2017 recupera objetivos políticos netamente socialdemócratas[6], pero no tiene reflejo en unas elecciones en las que pierde posiciones entre los grupos sociales más desfavorecidos o entre los trabajadores manuales especializados –con un Partido Conservador que incrementa casi en un 50% su porcentaje en estos grupos- y sólo mejora su posición entre los dos grupos sociales más favorecidos, aunque manteniéndose en ellos por debajo del voto conservador.

En las elecciones de 2019, los laboristas continúan con el deterioro del voto entre los grupos sociales más desfavorecidos, o entre los trabajadores manuales especializados –con un Partido Conservador que incrementa ligeramente su porcentaje en estos grupos- y pierde prácticamente toda la mejora conseguida en 2017, respecto a 2015, entre los dos grupos sociales más favorecidos, incrementando su distancia total al voto conservador.

Para distintos analistas de los últimos cambios políticos registrados en el Reino Unido, estos están directamente relacionados con lo sucedido en el partido laborista inglés en los últimos años. Y serían un ejemplo paradigmático de que la izquierda no puede luchar y ganar contra el establishment político y mediático, cuando una mayoría socioliberal de una parte de su propio partido es contraria a un gobierno que pudiera estar dirigido por la izquierda del mismo.

No obstante, es difícil hacer valoraciones genéricas sin tener en cuenta la caracterización de los líderes de cada partido, la incidencia del BREXIT en el Reino Unido, o la fuerte división producida en el seno del laborismo entre una izquierda presidida por Corbyn y unos parlamentarios laboristas socioliberales y más cercanos a los idearios conservadores que a la socialdemocracia. Pero, en todo caso, parece constatarse una pérdida de atractivo de las políticas socialdemócratas, ya no sólo entre los grupos más desfavorecidos o la clase trabajadora especializada, que apoya crecientemente a los conservadores, sino que la incidencia que estas políticas han llegado a tener en la clase media, se encuentra también en retroceso.

¿Podríamos derivar alguna influencia de la evolución de las desigualdades antes comentadas en la evolución del voto en las últimas elecciones del Reino Unido? En principio las desigualdades disminuyeron, de 2015 a 2017, produciéndose un ligero repunte en 2018, si bien con variaciones poco significativas desde la relativa recuperación de los efectos de la crisis financiero-especulativa iniciada en 2008. Por lo tanto, no parece que existan motivos ligados a cambios en estas desigualdades que hayan podido influir en el sentido del voto. La conclusión más evidente es que son motivos más culturales que económicos, en línea con lo que señalaba Sen, A. (2010)[7] (conciencia de la situación vital, referida a la salud y oportunidades de vida construidas socialmente; o existencial, referida a la personalidad, autonomía, dignidad y respeto), sobre los que las políticas racistas, sexistas, homófobas y xenófobas, heredadas de la época del “tatcherismo” y expandidas por los medios de comunicación y los “bots” creados al respecto, parecen tener un influjo fundamental en el sentido del voto en todas las clases y grupos sociales.

La izquierda y la socialdemocracia tienen un futuro complicado en el Reino Unido salvo que las contradicciones globales incidan de manera significativa en la sociedad inglesa, con crisis que afecten al bienestar de la población, ya sea por motivos económicos, conflictos bélicos (Ucrania/Rusia) o problemas ecológicos que afecten a la salud de los ciudadanos, sobre los que las catástrofes climáticas ligadas al calentamiento global, del que las borrascas extremas con vientos huracanados de estos últimos días están siendo buenos ejemplos, puedan tener una incidencia muy significativa.

El partido conservador de Boris Johnson ha asumido fuertes compromisos en el conflicto de Ucrania y en la Cumbre de Glasgow (COP26) de 2021, respecto a la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero que, en 2020, representaban un 1,0% del total mundial: y sobre las que las tendencias decrecientes desde 2006, con el inicio de la crisis financiero-especulativa, son evidentes, tal y como se aprecia en la Figura siguiente.

Lo que nos lleva a que, como en el resto de Europa, el principal problema a afrontar desde la perspectiva del calentamiento global y cambio climático asociado, sea una política de adaptación y de resiliencia socioeconómica frente al mismo, para defender el bienestar de una población que va a verse crecientemente deteriorado.

Algunas reflexiones sobre la situación alemana.

Como apreciábamos en las Figuras 1 y 2 de páginas anteriores, tras varios años de caída de la población en riesgo de pobreza y exclusión social, en 2020 se produce un fuerte incremento de la misma, superando Alemania la media esperada para el conjunto de la Unión Europea en dicho año.

En paralelo, atendiendo a los cálculos realizados en el World/InequalityReport2022 citado, las desigualdades en Alemania en el siglo XX, tal y como se aprecia en la Figura siguiente, habían dependido fuertemente de los vaivenes asociados a las dos Guerras Mundiales, llevando, en todo caso, a una fuerte reducción de las mismas en la década de los ochenta del siglo XX, con unas rentas del 10% más rico que se sitúan en el entorno del 27%, una clase media que recoge del orden del 50% de la renta total y el 50% de los de menores rentas, que absorben del orden del 23% de la renta total.

Desde dicha década de los ochenta, aumenta la participación del 10% de mayores rentas, hasta 2021, acumulando el 37% de la renta total; la clase media recoge del orden del 44%;  y la renta para el 50% inferior se sitúa en el orden del 29%, con una caída continuada en su participación desde la señalada década de los ochenta. Las desigualdades desde inicios de los ochenta hasta 2021, medidas por la relación entre los ingresos del 10% superior y el 50% inferior, crecen muy sensiblemente, alcanzando niveles similares a los de principios del siglo XX, previos al inicio de la Primera Guerra Mundial.

Igualmente, atendiendo a la posesión de la riqueza total, la Figura siguiente nos muestra cómo la riqueza del 10% de los hogares más ricos, en Alemania, se mantiene prácticamente inalterable desde 1995, con una ligera subida hasta 2021, en que alcanza el 60% del total, fundamentalmente por la ligera bajada, en paralelo, de la riqueza del 50% más pobre, que se va a situar en del orden del 4% en 2021. Las clases medias van a acumular del orden del 36% de la riqueza en todo el período considerado.

En este marco, el análisis de los resultados de las elecciones de 2021 y su comparación con los resultados de las de 2017, fundamentalmente en lo que se refiere al cambio de votos entre partidos, nos permite tener una idea de la evolución de las preferencias de los ciudadanos entre las distintas posiciones políticas, y la eficiencia de los partidos por conseguir el liderazgo de las mismas.

En el Cuadro siguiente se reflejan esos cambios de votos entre ambas elecciones, en el que claramente destacan tres aspectos fundamentales. En primer lugar, el fuerte trasvase de votos desde los conservadores (CDU-CSU) fundamentalmente hacia la socialdemocracia (SDP) y los verdes, lo que nos habla de un centro político permeable a posiciones socialdemócratas y a posiciones ecologistas, frente al nulo flujo hacia la extrema derecha (AfD). Lo que cambia la dinámica de las elecciones de 2017, donde el CDU-CDS, encabezado por Merkel, pasó del 41,5% de los votos de 2013 al 32,9% de 2017, mientras que sus políticas de apertura a la inmigración y refugiados llevaron a que AfD subiera al 12,6% de los votos entrando en el parlamento alemán. En 2021, AfD reduce su porcentaje al 10,3% perdiendo votos en favor de la abstención y de todo el espectro de partidos, salvo LINKE.

En segundo lugar, destaca la sangría de la izquierda de la socialdemocracia (LINKE) que pierde casi la mitad de los votos que obtuvo en 2017, con un destino mayoritario hacia la socialdemocracia (¿voto útil?) y los verdes, pero con una cifra no desdeñable de sus votos (ciento diez mil) hacia la extrema derecha (AfD), lo que refleja un proceso ya detectado en otros países y elecciones, sobre la atracción potencial de la extrema derecha para los trabajadores y clases más desfavorecidas, si no existen políticas informativas, explicativas y de mejora de su situación y oportunidades.

Streeck, W. (2021) [8] analiza las posibles causas de marginación de un partido de izquierda, como LINKE, señalando la importancia de las profundas divisiones internas en sus malos resultados. Pierden apoyo entre los trabajadores (obtiene un 5% de sus votos, frente al 16% de la extrema derecha, el 23% de los conservadores o el 28% de los socialdemócratas) y ceden su relevancia regional en la Alemania del Este al auge de la extrema derecha, que pasa a ocupar el segundo porcentaje de mayor voto (19,1%) tras la socialdemocracia (24,2%).

En tercer lugar, por último, hay que destacar el fuerte incremento de los verdes con desplazamiento neto hacia ellos de votos desde todos los partidos en liza, así como desde la abstención de 2017. Incremento que muestra la creciente importancia en el voto de la dimensión ambiental, con una relativa subordinación a la misma de las desigualdades, frente a las que la postura de los verdes sólo incide indirectamente por su oposición a la insostenibilidad de la sociedad capitalista de consumo.

En la política ambiental, ya el partido conservador de Ángela Merkel asumió fuertes compromisos, tanto de abandono de la energía nuclear, como de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, presentando en la UE y en la Cumbre de Glasgow (COP26) de 2021, una postura claramente vanguardista respecto a la lucha contra el cambio climático, en una situación en que Alemania representaba el 1,9% del total mundial de emisiones, en 2020, siendo el país de Europa con la participación más elevada de las mismas, con una evolución descendente desde 2006 hasta 2009, estabilizada entre 2009 y 2017, y descendente desde entonces a 2020, como se aprecia en la Figura siguiente.

Los efectos de las inundaciones del verano de 2021 muy previsiblemente hayan tenido una influencia significativa en el giro del voto hacia el partido de los Verdes. Los efectos que en la actualidad están produciendo distintas borrascas en el norte de Europa, incluida la propia Alemania, son un acicate para una política socialdemócrata centrada en la adaptación y resiliencia socioeconómica, y para reforzar el abandono del carbón, aunque los gastos correspondientes exigibles tengan la limitación del aumento restringible sobre el déficit público que impone la legislación alemana.

En todo caso, tanto desigualdades como crisis ambiental sí parecen haber tenido una cierta incidencia en la evolución del voto hacia la socialdemocracia y los verdes, aunque con un efecto negativo sobre la izquierda (Die LINKE) que ha visto la fuga de sus votos hacia la abstención y hacia todo el espectro político a su derecha, incluida la extrema derecha del AfD.

Algunas reflexiones complementarias sobre las elecciones portuguesas.

Como apreciábamos en las Figuras 1 y 2 de páginas anteriores, Portugal es un ejemplo de éxito en la caída continuada de la población en riesgo de pobreza y exclusión social desde 2013, alcanzando niveles muy reducidos para la misma con respecto a la media esperada para la Unión Europea en 2020.

Para el caso portugués no se detallan datos en el World/InequalityReport2022 citado, por lo que la única referencia comparable con los casos anteriores serán la buena evolución señalada para las tasas de riesgo de pobreza y exclusión social.

En qué medida esta buena evolución ha tenido que ver con los resultados de las elecciones en Portugal de enero de 2022 es difícil de precisar, por los aspectos ya señalados en los casos anteriores, por el indudable peso en las votaciones de las personas que presiden a los partidos en liza, y de circunstancias complementarias como las que se refieren –en el caso portugués- a la necesidad de convocatoria anticipada de elecciones al no apoyar los partidos de la izquierda (BE y PCP/CDU) la propuesta de presupuestos realizadas por el Partido Socialista, lo que parece haber sido uno de los motivos principales de su fuerte pérdida de peso en los resultados electorales (el bloque de izquierdas –BE-, de 19 a 5 diputados; y la coalición de comunistas y Los Verdes –CDU-, de 12 a 6), con un previsible trasvase de sus votos (voto útil) hacia el Partido Socialista, que ha alcanzado así la mayoría absoluta de diputados en el Parlamento Portugués; previsiblemente –también- por la captación de votos del centro y, en particular del Centro Democrático y Social (CDS) que se queda sin representación en el mismo.

Pero también hay que destacar la radicalización de los votantes de derecha, con el fuerte ascenso del Chega, partido de extrema derecha fundado en 2019, que se convirtió en la tercera fuerza parlamentaria, pasando de uno a doce diputados y convirtiéndose en la tercera fuerza parlamentaria del país. Ha tenido éxito un líder caracterizado por el gran peso conseguido en su presencia en los medios, con propuestas contra gitanos y desfavorecidos receptores de subsidios sociales, y con propuestas de políticas comunes a otras extremas derechas europeas: neoliberalismo económico, conservadurismo moral, nacionalismo y anticomunismo, anti-socialismo y contra cualquier forma de socialdemocracia.

También los liberales radicales de derecha (Iniciativa Liberal) han registrado un éxito indudable (pasan de uno a ocho escaños y se convierten en la cuarta fuerza parlamentaria del país) complementando, con Chega, la evolución de votantes desde el conservador Partido Social Demócrata (pasa de 79 a 71 diputados) hacia la derecha.

Si la evolución de las desigualdades parece que era un acicate para que las personas más desfavorecidas que han mejorado su situación votaran a favor del partido que, desde el Gobierno, había propiciado su mejora, tal vez la misma impresión cabría derivar de la evolución de las emisiones de gases de efecto invernadero producida en los últimos años en Portugal.

Como se aprecia en la Figura siguiente, Portugal, que viene a representar del orden del 0,1% de las emisiones globales mundiales registradas en 2020, ha mantenido una evolución de sus emisiones variable: descendente con la crisis financiero-especulativa, 2006-2013, pero, a partir de 2013, y hasta 2017, tuvo un fuerte crecimiento de las mismas, solo revertido correctamente desde este año al 2020.

ALGUNAS REFLEXIONES FINALES

Como señalábamos en artículos anteriores, la desigualdad de ingresos suele estar asociada a la degradación de las condiciones de trabajo o a la falta del mismo, que conducen a la pobreza y exclusión social. Pero el incremento de la población en estas condiciones no suele implicar un incremento del peso de los partidos de izquierda que, teóricamente, defienden la prioridad de políticas de igualdad y combaten de forma activa todo tipo de desigualdades. Incluso se ha demostrado que muchos de los votos de los más desfavorecidos suelen terminar apoyando a partidos conservadores de derecha, o de extrema derecha, respondiendo, o valorando en mayor medida aspectos culturales que tienen que ver con la “diferencia con el otro” (racismo, sexismo, xenofobia, etc.).

Por otro lado, una parte significativa de la clase media de los países desarrollados, formada en gran parte por pequeños empresarios y profesionales, muchos de ellos “autónomos”, ha visto empeorar su situación como efecto de la crisis financiero-especulativa, iniciada en 2008, y como consecuencia de la asociada al Covid-19, lo que ha radicalizado sus posiciones, generalmente hacia la derecha, porque se ha producido una erosión de la confianza en los gobiernos y un malestar social incrementado por factores desestabilizantes como el confinamiento, el cierre de centros de ocio, la vacunación, etc., asociados a la protección de la salud.

The World Inequality Lab (2021) destacaba que abordar los desafíos del siglo XXI no era factible sin una redistribución significativa de las desigualdades de ingresos y riqueza, recuperando políticas de aumento de tasas impositivas progresivas y pronunciadas que posibilitaran estados de bienestar modernos, con incremento de los servicios públicos en salud, educación y oportunidades para todos. Lo que, de una cierta forma, debería coincidir con la primacía social de una socialdemocracia para la que sería fundamental: 1) avanzar hacia una redistribución de la riqueza, desde los ricos al resto de la sociedad, mediante una tributación fuertemente progresiva sobre rentas y sobre herencias y donaciones patrimoniales, que permita la provisión de los servicios sociales citados y el sostenimiento del Estado del bienestar; 2) el control de los beneficios del capital y de su dominio internacional; 3) mejorar la posición negociadora de las sindicatos; 4) la recuperación de la titularidad pública de servicios públicos privatizados (el agua, el alcantarillado, la electricidad, el suministro de gas, etc.); y 5) el avance real hacia una igualdad de oportunidades para todos, en el marco de una sostenibilidad ambiental que garantice la salud y bienestar general, con una imprescindible transición ecológica, con cambios radicales en la sociedad de consumo capitalista imperante.

Hemos visto dos ejemplos de cómo las socialdemocracias europeas clásicas han mantenido, hasta cierto punto, su carácter popular, con votos muy ligados a los niveles de educación e ingresos, aunque se constata que no siempre predominan políticamente entre la clase trabajadora. Los partidos europeos que podrían considerarse de izquierda radical han sufrido, en estos dos casos, una fuerte derrota en sus últimas elecciones por razones variadas. Los partidos verdes compiten con la socialdemocracia, teniendo importancia el denominado voto útil, en los votos de jóvenes e intelectuales; pero cuestionando, en todo caso, la actual dinámica de una sociedad globalizada de consumo capitalista que está poniendo en cuestión los ecosistemas y generando dinámicas de calentamiento global.

Pero una parte significativa de la clase trabajadora y de los socialmente desfavorecidos no se sienten representados o identificados con este amplio bloque de “izquierda” (socialdemocracia, izquierda radical o verdes) porque consideran que sus opiniones e intereses sólo son tenidos marginalmente en cuenta, lo que ha favorecido su apoyo al populismo de extrema derecha, que en algunos casos está cuestionando las bases estructurales de la democracia y de la división de poderes con el apoyo de una amplia población decepcionada por los resultados de gobiernos que giraron a políticas neoliberales y globalizadoras, favorecedoras se los intereses de las grandes multinacionales.

En todo caso, parece detectarse un peso creciente de los conflictos estructurales (BREXIT, por ejemplo) y coyunturales (caso de Portugal) en los resultados de las distintas votaciones, con una importancia subordinada en el voto de las desigualdades de ingreso y patrimonio existentes, respecto a dichos conflictos sentidos e identificados por la población en cada momento del tiempo; en muchos casos como consecuencia de procesos de “agitación social masiva” que se han ampliado radicalmente con las redes sociales y con una población separada de partidos o de zonas de influencia estructurales.

Parece claro que las votaciones están cada vez más influidas por una esfera pública dominada por tecnologías de control y manipulación social, dependientes de intereses ligados al mantenimiento del sistema, cuya capacidad de intervención se va asociando a gobiernos populistas de extrema derecha, con un poder creciente en la mayoría de la población y, fundamentalmente, en los jóvenes. Ante lo cual se haya la contradicción de un régimen –el demócrata- que respeta todas las opiniones, incluidas las manipulaciones, falsedades, o de los que pretenden destruirlo, sin que sus propias reglas permitan excluir, marginalizar o prohibir sus actuaciones, a no ser por superar lo permitido en las constituciones o leyes vigentes en cada país.

Hemos visto tres ejemplos con condicionantes y resultados electorales diferentes, que muestran el peso poco relevante de la reducción de las desigualdades, o de la garantía de unas condiciones de vida mínimas aceptables para todas las personas. En dos de los países analizados (Alemania y Portugal) hay un claro avance de una socialdemocracia centrada; un claro retroceso de la izquierda; y una desigual evolución de la extrema derecha (avance en Portugal, retroceso en Alemania). En el caso del Reino Unido, hay una clara consolidación de una derecha socioliberal presente y dominante incluso en el tradicional partido laborista.

En todos los casos parece evidente un ascenso de la preocupación ambiental, muy directamente influida por el impacto creciente de catástrofes por fenómenos extremos, que obligarán a tener en cuenta avances significativos en los capítulos de gasto para la adaptación y resiliencia socioeconómica ante los efectos del calentamiento global.

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[1] https://wir2022.wid.world/www-site/uploads/2021/12/WorldInequalityReport2022_Full_Report.pdf

[2] https://explore.wpid.world/

[3] Gethin, A., Martínez-Toledano, C, et Piketty, T. (2021).- “Clivages politiques et inégalités sociales: Une étude de 50 démocraties (1948-2020)”. París. 2021.

[4] La riqueza neta de los hogares la define como la suma de los activos financieros (p. Ej., Acciones o bonos) y activos no financieros (p. Ej., Vivienda o tierra) propiedad de individuos, netos de sus deudas.

[5] McKensey Global Institute (2021).- “The Rise and Rise of the Global Balance Sheet”. Full Report. Final. November 2021, Pág. vii. https://www.mckinsey.com/industries/financial-services/our-insights/the-rise-and-rise-of-the-global-balance-sheet-how-productively-are-we-using-our-wealth

[6] Cabría destacar, como fundamentales: Horquilla máxima de 20 a 1 de los salarios de los altos directivos y de los trabajadores menos retribuidos. Incremento del impuesto de sociedades. La multiplicación por dos del sector cooperativo. Recuperación de la titularidad pública de la energía, el agua y los ferrocarriles. Banco de inversión para financiar infraestructuras públicas. Compromiso con las energías renovables y con la energía nuclear. Abolición de las tasas universitarias y reintroducción de las becas de manutención. Fortalecimiento de los derechos de los sindicatos. Programa de construcción de viviendas por los municipios y las asociaciones para la promoción de vivienda social. Nuevos derechos de los arrendatarios.

[7] Sen, A. (2009).- “La idea de la justicia”. Taurus. 2010.

[8] Streeck, W. (2021).- “Plus Ça change”. New Left Review. 131. Nov-Dic 2021. Págs. 7 a 17.