El Índice de Democracia, realizado por la Unidad de Inteligencia de The Economist, ofrece una visión general del estado de la democracia en el mundo y pretende determinar el rango de democracia en 167 países, a partir de cinco criterios de análisis: proceso electoral y pluralismo, libertades civiles, funcionamiento del Gobierno, participación política, y cultura política.

Con los resultados de cada estudio, se establece la categoría democrática de cada uno de los países de la siguiente manera: Democracias plenas, entre 8 y 10 puntos; Democracia defectuosa, entre 6 y 7,9 puntos; Regímenes híbridos, entre 4 y 5,9 puntos; y Regímenes autoritarios, menos de 4 puntos.

Pues bien, en el análisis del año 2016, España aparece en el lugar diecisiete del mundo, con una puntuación de 8.30 sobre 10, y es calificada como una democracia plena. Bélgica, está situada en el puesto 35, con una puntuación de 7.77, y es calificada como una democracia defectuosa. Y Rusia, está en el puesto 134, con una puntuación de 3.24 puntos y es calificada como un régimen autoritario.

Me centro en estos países tras la actitud que está tomando Bélgica y Rusia en la crisis secesionista Catalana. El primero, dando refugio a Puigdemont y sus cuatro exconsejeros, y cuestionando la democracia española. El segundo, con sus acciones desde internet, y también cuestionando la democracia en España.

En cuanto a Bélgica, lo ha vuelto a hacer para asombro de toda la Europa democrática. Ese refugio de etarras durante años, que incluso en 2016 se negó nuevamente a entregar a la justicia española a una etarra bajo el argumento de que dudaban que en España tuviera un juicio justo, se permite ahora cobijar a Puigdemont y cuatro exconsejeros que huyeron antes de que se presentara la querella contra ellos por rebelión, sedición y malversación de caudales públicos, por la que otros miembros de aquel gobierno se encuentran en la cárcel.

Pero ha ido a más. Primero, diciendo que Puigdemot y sus exconsejeros serán tratados como vips. Y segundo, y más grave, remitiendo la Fiscalía de Bruselas un listado con preguntas a la Audiencia Nacional antes de tomar una decisión sobre si entrega o no a Puigdemont y compañía a España. Una solicitud de información, que cuenta con tres ejes, donde se viene a insinuar que España es más o menos una república bananera.

Uno de los ejes de las preguntas belgas se centra en el sistema penitenciario, donde entre otras, inquiere: “¿En qué cárcel quedarán encerrados? ¿Las circunstancias de detención son de conformidad con la Convención Europea de Derechos Humanos? ¿Cuáles son las dimensiones de la celda? ¿Cuál es el espacio vital individual? ¿Hay acceso suficiente y regular a equipamientos sanitarios, duchas, etcétera? ¿La comida es suficiente y de buena calidad?”

Otro, sobre las garantías que existen en el proceso judicial español: ¿Se tomará declaración a los acusados a la llegada? ¿El juez que instruye la causa será el mismo que les juzgaría? ¿La Audiencia Nacional es un tribunal ordinario? ¿Se aplica el procedimiento normal o un procedimiento especial?

Por último, en un tercer bloque piden detalles sobre los hechos contenidos en la orden europea de detención: ¿Cuáles han sido los hitos del proceso independentista? ¿Qué resoluciones concretas del Gobierno catalán han vulnerado las leyes españolas?

En definitiva, un insulto a los principios democráticos que rigen la Unión Europea y que existen en España. Y un insulto a España ¿Una democracia imperfecta como Bélgica de qué quiere dar lecciones? Lo que debe hacer es cumplir las leyes internacionales y entregar a Puigdemont y sus exconsejeros, y también a la etarra reclamada en 2016, para que puedan ser juzgados en España. Y si entre medias, antes o después, quiere enseñar algo al mundo, que explique cómo el nacionalismo, los conflictos entre comunidades pueden romper la convivencia y llevar a un estado casi fallido, por ingobernable.

En cuanto a Rusia, lamentablemente han decidido intensificar una nueva guerra fría cibernética contra la UE. Un error colosal, que traerá consecuencias. En esa línea, deben observarse las declaraciones del director de los servicios de inteligencia exterior de Rusia, cuando acusó a las autoridades españolas de “represión política” contra los impulsores del referéndum de Cataluña, y reprochó la “brutal violencia policial” que las fuerzas de seguridad emplearon el 1 de octubre en algunos colegios electorales.

Desde España, esa democracia plena que está en el lugar diecisiete de las democracias en el mundo, tenemos que recordar hoy más que nunca que la Unión Europa se fundamenta en los valores de respeto de la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de Derecho y respeto de los derechos humanos, incluidos los derechos de las personas pertenecientes a minorías. Estos valores son comunes a los Estados miembros en una sociedad caracterizada por el pluralismo, la no discriminación, la tolerancia, la justicia, la solidaridad y la igualdad entre mujeres y hombres.

Nuestro objetivo como país debe ser mejorar aún más la democracia en España, porque queda mucho camino por recorrer. Pero, también debe ser defender los avances que ha logrado la sociedad española en estas décadas de democracia.

Por eso, hay que decir con claridad: así no Bélgica, así no.