Recientemente el Comisario Europeo de Economía, Paolo Gentiloni ha situado a España entre los países de la UE con una expansión fuerte, destacando los buenos resultados de la reforma laboral acometida. Es hora, como vienen demandando los sindicatos, de orientar las políticas y profundizar en aquellas que habrán de conducirnos hacia el pleno empleo.

Los datos de paro registrado del mes de febrero, han vuelto a darnos una buena noticia con un descenso en términos interanuales en 150.607 personas y una subida en la afiliación hasta alcanzar las 20.708.382 personas, y ponen de manifiesto la eficacia de las políticas laborales y de empleo y la necesidad de continuar avanzando en ellas.

Es necesario, por tanto,  insistir y sostener las políticas de estabilidad laboral, y centrarnos en medidas de refuerzo de un modelo económico que continúe reduciendo la temporalidad, promoviendo una política industrial orientada al empleo verde y sostenible, y a una transformación digital, que cualifique a las personas trabajadoras para no dejar a nadie atrás, así como articular un auténtico sistema de cuidados que además de proporcionar bienestar a la ciudadanía, impulse la creación de empleo de calidad en este importante sector.

En el marco del avance en la cultura de la estabilidad laboral es preciso poner sobre la mesa el debate acerca del necesario cambio en las empresas de manera que consigamos afrontar con eficacia la lucha contra el edadismo, que en estos momentos es una de las principales dificultades a las que se enfrentan las personas trabajadoras de más de 50 años y que tiene un fundamento errático, basado en una idea arcaica acerca de las mayores dificultades de adaptación de las personas trabajadoras de más edad y de la expectativa de la empresa en cuanto a los costes salariales.

De hecho, es en los grupos de estas edades en los únicos que aún aumenta el desempleo y está suponiendo un factor de exclusión laboral y social y de pérdida de talento en las propias empresas. El factor edad conforma además el problema del paro de larga duración, que afecta mayoritariamente a las mujeres.

Junto a la necesaria profundización en la política económica e industrial para la creación de empleo de calidad, donde la ciencia y la tecnología están ocupando un papel destacado en la creación de empleo en nuestro mercado laboral, es hora de acometer decididamente, a través del diálogo social, al abordaje de este elemento de grave discriminación que supone el edadismo, como en su momento se planteó la necesidad de luchar por la igualdad laboral y frente a cualquier forma de discriminación por género.

No debemos esperar a que sea la situación demográfica la que resuelva por si sola una nueva mirada de la empresa hacia las personas trabajadoras de más edad, sino que es hora de resolver la grave contradicción que suponen los desajustes existentes a la hora de cubrir determinadas vacantes de puestos de trabajo y la expulsión de las personas trabajadoras de más edad.

Las políticas activas de empleo pueden jugar un papel esencial, tanto en la formación, cualificación y adaptación, como en el proceso de transformación digital, pero es el cambio de mentalidad en la empresa quien debe conducirnos hacia una nueva concepción en la que se supere esta discriminación por edad.

El compromiso por parte de los interlocutores sociales y las medidas de apoyo correspondientes y políticas públicas pueden ayudar decididamente a esta nueva transformación social y laboral imprescindible en nuestros días para el avance real hacia el pleno empleo.

Continuar, asimismo, con las políticas de igualdad laboral, frenando cualquier tipo de discriminación por género y reequilibrando la composición sectorial es otro de los elementos esenciales para lograr una mayor armonía en el mercado laboral y una mayor eficacia y productividad. Tres sectores clave, con una gran potencialidad, como son la construcción, el sector tecnológico y el sector de los cuidados ponen de manifiesto este grave desequilibrio por género e invitan a promover políticas de incorporación laboral y equilibrio que lleven a una mayor nivelación y oportunidad de empleo, así como a la cobertura de vacantes, de las que se habla continuamente, pero se omite el desequilibrio existente, con la dificultad que implica para su pleno desarrollo.

Igualmente, la orientación laboral y las políticas de inclusión de personas en situación de especial vulnerabilidad son otro de los retos para permitir en el medio plazo el logro de una sociedad con pleno empleo. Centrémonos en ello.