La declaración del estado de alarma en varios municipios de la Comunidad de Madrid era la decisión obligada frente a una Administración regional ineficiente que sólo se preocupa por los empresarios de Madrid, no de los ciudadanos. Así lo han entendido en sus editoriales los pocos diarios no entregados a la derecha (“Única alternativa”, El País; “Madrid, en estado de alarma”, La Vanguardia; “Inevitable estado de alarma”, El Periódico, todos del 10 de octubre de 2020). Sin embargo, la reacción desaforada del Partido Popular y algunos otros hechos que se están produciendo de forma simultánea hacen pensar que hay más mar de fondo que el que resultaría de la oposición de un Gobierno autonómico en cuyo territorio se están elevando los contagios hasta 500 por cien mil habitantes. Recordemos los antecedentes, fijémonos en los hechos concomitantes y quizá podamos sacar alguna conclusión.

En primer lugar, no es inoportuno recordar que la Presidenta de la Comunidad de Madrid, junto al Presidente de la Generalidad catalana, han sido, durante toda la crisis del Covid-19, los enemigos, más que adversarios, del Gobierno de la Nación. Asesorada por el antiguo portavoz de Aznar, Miguel Ángel Rodríguez, Díaz Ayuso se ha caracterizado por una continua oposición y descalificación de todas las medidas sanitarias que adoptaba el Gobierno del Presidente Sánchez, igual que Torra. Y cuando el número de contagias ha empezado a multiplicarse en la Comunidad de Madrid, se ha enrocado en los intereses empresariales para rechazar las medidas de confinamiento.

Por eso, ante la resistencia del Gobierno autonómico a adoptar medidas de confinamiento, ha sido necesario aprobar el estado de alarma para parte de la región. Lo sorprendente ha sido la reacción desaforada no sólo del Gobierno madrileño y de su Presidenta sino de la dirección nacional del Partido Popular y de la prensa afín (ABC, El Mundo, La Razón). Sorprende que Martínez Almeida haya lanzado un ataque propio de una guerra y sorprende que Casado y García Egea hablen como si se hubiera humillado a Madrid, cuando la declaración del estado de alarma no hubiera sido necesaria si la Comunidad de Madrid no hubiera dictado una Orden-trampa que a continuación ha sometido de forma dudosa a un Tribunal contencioso-administrativo (sobre esta rareza, Tomás de la Quadra-Salcedo: “Abracadabra”, El País, 10 de octubre de 2020).

Una oposición tan exagerada hace pensar que quizá haya algún otro trasfondo. Si el mensaje que dan el Partido Popular, los fascistas de Vox y sus periódicos afines, es que estamos ante un rodillo para atrapar a los madrileños o para tomar a los españoles como rehenes, si Casado acusa de prevaricación al Gobierno (no faltará algún juez entusiasta que se lo crea) y califica la medida de “injusta”, sí, en fin, la Comunidad de Madrid invoca una solución “pactada” que no ha querido aplicar en ningún momento, podemos pensar que estamos ante una nueva operación de deslegitimación del Gobierno de la Nación. Y de ahí a intentar, una vez más, derribarlo, no hay mucha distancia. Lo intentó la derecha en medio de la pandemia proponiendo incluso nombres de dirigentes socialistas históricos para presidir el Gobierno, pero no lo consiguieron. Y parece que vuelven a intentarlo. Pero como un estado de alarma en unos pocos Municipios no insufla mucha fuerza a la intentona, se han agarrado a otro motivo de mayor fuerza mediática, la supuesta defensa de la Monarquía y del Rey.

Al amparo de la desafortunada actitud de la extrema izquierda, que pone en cuestión la Monarquía para crearse un ámbito político propio, diferente del que tiene el PSOE, se está creando en la opinión pública un espejismo que se compone de dos ideas básicas: a) la forma monárquica del Estado y el titular de la Corona están en peligro por el ataque combinado de podemitas e independentistas; b) El Gobierno del Presidente Sánchez permite ese ataque, cuando no lo propicia.

Para asentar esta doble falacia (pues ni la forma monárquica del Estado está en peligro, ni el Gobierno participa de los ataques contra la misma) la derecha política y mediática ha diseñado una operación que, cuando escribimos este comentario, está en plena ejecución. Para calentar motores, durante el mes de agosto se lanzó un manifiesto que firmaron algunos antiguos altos cargos de UCD, del PSOE y del Partido Popular, que adelantó otro que hoy está a la firma de otros políticos.

Tras la polémica sobre la utilización del Rey por parte de Lesmes y de la derecha judicial en septiembre pasado, la plataforma “Libres e Iguales”, que impulsa la antigua Portavoz popular en el Congreso, Cayetana Álvarez de Toledo, ha difundido un vídeo intitulado Viva el Rey en el que hablan todos los políticos imaginables de la derecha y de le extrema derecha, desde Casado y Arrimadas hasta Abascal y personajes de la jet society. Sólo habla en el vídeo un dirigente regional del PSOE y algunos antiguos cargos electivos socialistas hoy desvinculados del partido. El contenido del video es políticamente inocuo, pero no su intención sobre la que volveremos más abajo.

Al mismo tiempo que se difundía el vídeo, otras dos iniciativas se han conocido al mismo tiempo, el domingo 11 de octubre. Por una parte, el diario ABC publicó una versión periodística ampliada del vídeo impulsado por Cayetana Álvarez de Toledo dedicando once páginas (más la primera plana y el editorial) a un reportaje titulado “100 voces defienden la Monarquía», donde cien personajes de la jet, del deporte, de la cultura (orientación conservadora) y del Ibex rivalizan en defender la Monarquía y el Rey. De esas cien perdonas, sólo tres o cuatro se sitúan en el centro y nadie en la izquierda

Simultáneamente, por iniciativa de Javier Rupérez y con apoyo de un par de antiguos Diputados socialistas, ha salido a la firma un manifiesto que en apariencia es también de apoyo a la Monarquía pero que en realidad constituye una durísima crítica al Gobierno socialista. Este manifiesto pide al Gobierno que ponga fin a sus discrepancias internas, imponga el respeto al Rey y a la Constitución y actúe frente a las Comunidades Autónomas levantiscas (¿incluida la Comunidad de Madrid?), para acabar pidiendo a “los poderes del Estado”, que pongan fin a la utilización espuria de la Constitución. Esta defensa de la Monarquía no es casual. La petición a “los poderes del Estado” tiene aire de petición de golpe de Estado, duro o blando, para descabalgar al Presidente Sánchez. Por eso conviene adelantar tres ideas.

En primer lugar, al amparo de una desafortunada exteriorización antimonárquica de la extrema izquierda, que necesita distanciarse del PSOE y ahondar en el mito de la revolución, las derechas, todas las derechas, están intentando convertir al Rey y a la Monarquía parlamentaria en una opción ideológica de partido, no de la Nación. Están intentando identificar al Rey y a la Monarquía con la derecha, incluso con la extrema derecha. Y eso es lo peor que le podría ocurrir a la Monarquía, porque desde el momento en que esta se pudiera identificar con la mitad de la ciudadanía (la derecha), podría entrar en situación de peligro. Eso sí que es romper el consenso constitucional y así lo deberían comprender las personas inteligentes de la derecha. Si el Rey fuera identificado con la derecha, el Rey estaría en peligro. Sólo si el Rey está por encima de todas las ideologías, de todos los partidos, podrá ejercer su papel representativo, como lo define la Constitución.

En la derecha podrían recordar cómo el discurso de Alfonso XIII en Córdoba, en 1922, situó al Monarca en la derecha autoritaria. Propició el golpe de Estado de Primo de Rivera y acabó liquidando la Monarquía. Y en la extrema izquierdas deberían tener en cuenta que si desaparece en España la Monarquía parlamentaria, lo más probable es que no le sustituya una República democrática sino un régimen dictatorial con forma monárquica o con forma republicana.

La segunda idea es que, si resulta peligroso intentar politizar al Rey para identificarlo con los partidos de la derecha, más peligroso resultaría intentar apoyarse en el Rey para derribar o sustituir al Gobierno legítimo de la Nación. Eso es más que peligroso, sería la ruptura de la convivencia y cuando se sitúa al Jefe del Estado y a la forma política del Estado en medio del huracán, no sabemos hacia donde se dirigirá el huracán.

La tercera idea es que, tras utilizar a la Corona para sus fines desestabilizadores, la derecha está abriéndose a otros órganos constitucionales para hundir ilegítimamente al Gobierno. Las sesiones de control al Gobierno en las dos Cámaras, pero especialmente en el Congreso, se han convertido en sesiones tabernarias donde el Partido Popular, Vox y Ciudadanos sólo insultan y deslegitiman al Gobierno, con un tono violento e hiperbólico. Así desprestigian a la democracia ante los ciudadanos pero no les importa porque es el ruido que debe acompañar las otras operaciones de derribo del Gobierno.

Consecuentemente, habría que pedir a la toda derecha y a la extrema izquierda que dejaran de intentar utilizar al Rey y a la Monarquía. También es necesario que las derechas dejaran de conspirar para derribar al Gobierno. Están jugando con fuego y es posible que algunos salgan chamuscados.