El domingo 21 de mayo de 2017, Pedro Sánchez se convertía por segunda vez en secretario general electo del Partido Socialista Obrero Español, tras derrotar de manera contundente a su rival, Susana Díaz Pacheco, por más del 50 por ciento del voto directo ejercido por la militancia.

Las causas del fracaso de la candidatura de la presidenta de la Junta de Andalucía son múltiples. Quizás quepa destacar que la victoria de Sánchez constituye, como mínimo, un rechazo muy mayoritario por parte de los afiliados socialistas al constante cuestionamiento que Díaz Pacheco y otros dirigentes ejercieron contra el líder del partido, incluso en campaña electoral, a los límites gratuitos que le impusieron en la negociación con otras fuerzas políticas, lo que dificultó la formación de un gobierno alternativo a la derecha, dando la impresión de que no se quería que el acceso a la presidencia del ejecutivo consolidase al secretario general, y sobre todo al modo en el que trataron de dinamitar a la última Comisión Ejecutiva Federal, sin nunca atreverse hasta la dimisión de Sánchez, de proponer en el Comité Federal que el PSOE se abstuviera en la investidura de Mariano Rajoy.

En última instancia, Díaz Pacheco ha personificado unas formas de proceder, las de las 17 dimisiones simultáneas de la dirección del Partido y la bochornosa reunión del Comité Federal del 1 de octubre, donde se rechazó, entre otros por ella, la convocatoria de un Congreso Federal para dirimir la estrategia política, y la rectificación vergonzante de una promesa electoral hecha a los ciudadanos, esto es, no facilitar ni por activa ni por pasiva el gobierno al Partido Popular. Todo ello sin consultar a los militantes de base, que con su voto han enmendado la plana al actual Comité Federal, tanto en su derrocamiento indirecto de Sánchez (al rechazar su propuesta congresual, que condujo en buena lógica política a su dimisión como secretario general) como en su posterior posicionamiento a favor de una abstención gratis et amore en favor de Mariano Rajoy, y sin haber permitido antes tratar de formar un gobierno alternativo al de la derecha. Los mejores documentos publicados hasta la fecha sobre este importante episodio de la historia política española son los libros el del ex ministro socialista Jordi Sevilla, Vetos, pinzas y errores: por qué no fue posible el Gobierno del cambio, y Los idus de octubre el ex presidente del Parlamento Europeo y militante del Partit dels Socialistes de Catalunya, Josep Borrell.

En cambio, las bases socialistas han premiado la coherencia de Sánchez, quien también renunció al acta de diputado para no votar ni contra lo que había defendido en campaña electoral ni contra la nueva posición de su Partido. Además, en términos puramente electorales, el secretario general electo ha desplegado una gran campaña interna, movilizadora, eficaz, entusiasta, sin apenas apoyos de la dirigencia ni de los medios de comunicación. En cambio Díaz Pacheco carecía tanto de discurso, aparte de proclamarse constantemente como ganadora, como de relato y estrategia, más allá de tratar de apabullar en la recogida de avales, muchos forzados o no genuinos, como se ha visto, al sacar menos votos que firmas, y de contar con el apoyo de un gran número de notables que poco o nada influyen en la conducta de la militancia socialista de base. Por no tener, la andaluza no tuvo ni programa hasta pocos días antes del voto, improvisado y lleno de ocurrencias, que terminaron de sepultar su apuesta por la secretaria general del partido más veterano de España.

Sánchez, por su parte, fue el primero en presentar una primera versión de su programa[1], a pesar de que López, el tercero en discordia, y que se quedó en un magro 10 por ciento del voto, le acusara en el debate televisado de haber copiado “sus ideas”, cuando el vencedor de 21 de mayo ponía de relieve las coincidencias programáticas entre ambos para atraerlo a su candidatura.

En todo caso, la apuesta programática del secretario general electo de la futura Comisión Ejecutiva Federal del PSOE se condensa en un documento de 58 páginas coordinado por el economista Manuel Escudero y el sociólogo José Féliz Tezanos, intelectuales socialistas de prestigio que en su día impulsaron el Programa 2000 bajo la égida de Alfonso Guerra, una empresa exitosa pero que el entonces presidente del gobierno no quiso o no supo explotar para revitalizar el proyecto socialista, y que adelantó muchos de los retos actuales de la socialdemocracia, como la redefinición del trabajo, la digitalización o el cambio climático, entre otros. Una experiencia que no estaría de más recuperar y actualizar con el horizonte del año 2025, cuando los socialistas reconquisten el poder político en favor de la mayoría social.

Al haber recibido Sánchez el respaldo mayoritario de la militancia socialista, cabe presumir que su ponencia, influida también por los ex ministros Josep Borrell y Cristina Narbona, es también la más representativa de cara al 39 Congreso Federal que aprobará la resolución política. De ahí el interés que tiene mostrar las principales ideas económicas de este documento, titulado “Por una nueva socialdemocracia”.

Para empezar, el programa declara sin tapujos, como corresponde a una propuesta netamente socialdemócrata, que el PSOE pretende superar el capitalismo de corte neoliberal (página 8), además de contener un diagnóstico previo a presentar un catálogo de soluciones. En su página 15 se consagra el pleno empleo como objetivo fundamental de la acción política de la socialdemocracia, además de reclamar la participación de los asalariados en los beneficios empresariales (página 16), apostar por la jornada de 35 horas y de valorar la puesta en marcha de una Renta Básica, inicialmente como impuesto de la renta negativo, es decir transfiriendo renta a quien no alcance determinado umbral de ingreso y compatible con la actividad laboral (páginas 17 y 18). Se propone también gravar los beneficios procedentes del trabajo automatizado y aumentar la competencia en los mercados oligopólicos (página 19), así como crear una banca pública (página 22).

Desde el punto de vista fiscal, se propone perseguir el equilibrio presupuestario, por tanto cumpliendo con la ortodoxia europea, pero en contexto de políticas expansivas, y homogeneizar el tratamiento de las rentas del trabajo y del capital, aumentando la progresividad (página 21).

¿Es este un programa radical, que no podrá contar con el respaldo de la mayoría social, como han apuntado los críticos de Sánchez? En absoluto. Es un programa avanzado, que da respuesta a los retos actuales. La socialdemocracia no podrá volver a ganar elecciones simplemente recordando su papel protagonista en la creación del Estado del Bienestar, o reivindicando el carácter público de los servicios públicos, sin aportar soluciones al desempleo, la falta de oportunidades, y el deterioro del medio ambiente.

Por lo demás, el compromiso con el cumplimiento de las normas europeas sobre déficit público, y la defensa de la libre competencia, combinan un sano liberalismo económico, atractivo para un sector importante de las clases medias, con el programa tradicional del socialismo de búsqueda del pleno empleo con buenos salarios, lo que permitirá al PSOE contar con una oferta programática reconocible y distinta de la derecha, recuperando perfil, poniéndose en disposición de articular una mayoría progresista y de cambio a corto plazo, primer paso para dejar atrás el neoliberalismo conservador del Partido Popular y su cultura de la corrupción.

[1] Véase en este enlace la versión definitiva, tras recibir miles de aportaciones: http://sanchezcastejon.es/wp-content/uploads/2017/05/DOCUMENTO-POR-UNA-NUEVA-SOCIALDEMOCRACIA.pdf