Hace ya casi diez años Malcolm Galdwell publicó un libro titulado Outliers. The Story os Success (Fuera de series. Por qué unas personas tienen éxito y otras no). No entro en detalles, pero creo que es un buen momento para que la nueva ejecutiva del PSOE y todos los que de alguna manera hemos apoyado a Pedro Sánchez reflexionemos sobre algunos de los datos que describe Galdwell sobre el éxito.

Vamos a partir de que el apoyo alcanzado en las primarias por Pedro Sánchez ha sido un éxito, al menos, para él y los militantes que demandan más participación en el partido.

La idea esencial que intenta demostrar Galdwell es que el éxito está determinado por variables que son independientes del esfuerzo personal, la preparación y demás cualidades de la persona que ha alcanzado el éxito. Y esta realidad abarca desde el éxito de grandes empresas multinacionales (de sus fundadores) a los grandes deportistas, pasando por políticos, escritores o cualquier otro triunfador social.

Galdwell argumenta y ofrece datos reales sobre cómo el éxito ha dependido más de factores históricos que de los méritos de los exitosos. Dependerá del sector que hablemos: economía, tecnología, deporte, arte o política, pero la clave del éxito en cada sector dependerá de un factor diacrónico, una ubicación y un rol determinado más que de las capacidades del exitoso. Para poner un ejemplo, Mark Elliot Zuckerberg (creador de facebook), no hubiera tenido éxito si hubiera nacido diez años más tarde o simplemente vivido en Angola en lugar de EEUU.

Imagino que se ha captado la esencia de la idea. Galdwell pone múltiples ejemplos a lo largo de más de trescientas páginas, también es verdad que los afortunados exitosos tienen que tener ciertas cualidades, pero ahora toca subrayar que éstas no son suficientes para obtener el éxito. En la práctica, ni de lejos las capacidades y preparación son los factores más importantes para alcanzar el éxito.

Volvamos a nuestro ejemplo, obviamente el propio Sánchez sabe que ha sido aupado y llevado al triunfo por un tsunami de ansia de cambio de militantes socialistas que estaba ahí más allá de sus peripecias personales. Han sido decenas de miles de militantantes anónimos los que han alimentado todo el proceso de resurrección y elevación a los cielos del PSOE a Pedro Sánchez. Lo que hay que entender de manera meridianamente clara es que la causa de este logro no está en las decisiones de Pedro Sánchez (que en lo personal le honran y han sido ejemplares), pero esas mismas decisiones en un caldo de cultivo diferente no le habrían propiciado el éxito. ¿Y si no hubiera existido Pedro Sánchez en el PSOE del año 2016? No le estoy matando, quiero decir que si no se hubiera propiciado su expulsión de la Secretaría General del PSOE en octubre del año pasado: ¿Qué hubiera sucedido con esa demanda de participación de la militancia? Pues estaría ahí y se habría expresado de otras formas: ¿Cuáles? Pues no lo sabemos, pero podemos apuntar que muchos afiliados habrían seguido abandonando al PSOE, bien a su suerte, bien como militantes. Tal vez el PSC se habría separado un poco más y, sin duda, la brecha militante y simpatizante con el partido (PSOE) se habría agrandado hasta seguramente dejar anémico (disminución de globulos rojos) al PSOE.

Los procesos sociales de cierta magnitud como el que ha aupado a Pedro Sánchez de nuevo a la secretaría general conviene que sean analizados desde la perspectiva de Galdwell (aunque no sea, por supuesto, la única).

¿Para qué nos sirve todo este argumentario? Para reflexionar sobre la estrategia de un partido con ambición de gobierno. Ni Pedro Sánchez, ni siquiera los casi doscientos mil militantes y la capacidad de toda la maquinaría del centenario PSOE pueden soñar con movilizar por sí mismos a ocho millones de votantes.

El refresco de la plantilla del PSOE no nos garantiza ningún éxito electoral. Al contrario, nos puede generar serios obstáculos. El primero, creernos capaces de poder contagiar nuestro entusiamo a millones de potenciales votantes. El segundo, entronizar a un lider, aunque sea tan estupendo como el Pedro Sánchez. Los tiros en procesos sociales de esta magnitud no van por ahí ¿Creo? Y uno de los principales lastres de un líder fuerte y exitoso es creer que puede con todo, incluso ser el origen de un proceso de cambio electoral de estas magnitudes.

De igual forma que Pedro Sánchez ha sido llevado en volandas por el apoyo y entusiasmo de miles de militantes hasta la Secretaría General. De la misma forma ahora tendrán el PSOE y él que esperar a qué los sueños y anhelos de los potenciales votantes les lleven al triunfo electoral. Propongo que en lugar de intentar liderar, el renovado Secretario General se deje aupar ahora al Gobierno de España por las ilusiones de cambio de millones de potenciales votantes socialistas.

La clave del éxito está en el contexto histórico no en el éxitoso, en este caso Pedro Sánchez. Es conveniente recordar esto en momentos de euforía para no desbarrar o entrar en absurdas jugadas maquiavélicas. Ahora el príncipe, el poder, la clave del éxito reside en las ilusiones, en los sueños y anhelos de millones de potenciales votantes socialistas.

A modo de epílogo. Por favor, que Pedro Sánchez y su nuevo equipo no se consideren capaces de poner en marcha movimientos sociales de envergadura. Ni los dirigentes del PSOE del año 1977, 1982 o 2004 causaron el éxito del PSOE, ni ahora Pedro Sánchez debe creerse capaz de generar un vuelco electoral que le lleve a la Moncloa. La clave ha estado y está en dejarse empujar por los anhelos e ilusiones de los votantes socialistas. El éxito así será natural, potente e inevitable: como en ocasiones anteriores.