César Luena

Pasada la cuarentena, y cuando la pandemia, en términos sanitarios, va declinando y en camino de ser vencida (así lo es en la zona geográfica en la que nos encontramos: Occidente, Europa), es el momento de establecer los primeros balances analíticos con la base que da la perspectiva de haber superado un marco temporal muy pequeño, pero sin embargo suficiente en cuanto a la enorme proporción de acontecimientos vividos y de hechos conocidos. Poco tiempo, pero muchas realidades.

Además, la evolución de la crisis sanitaria hacia una triple crisis económica, social y civilizatoria, permite trazar un primer balance basado en certezas y desafíos.

Certezas.

Primera. Los sistemas sanitarios y de atención y cuidado de las personas mayores no están lo suficientemente preparados ante una crisis sanitaria que implique la ecuación de una enfermedad grave y a la vez muy contagiosa. Debemos reforzarlos en recursos y en personal.

Segunda. Los mismos sistemas sanitarios y sociales, por el contrario, sí que están preparados para aplicar rápidamente medidas extraordinarias en colaboración con el ejército y con otras instancias del Estado para paliar esa insuficiencia.

Tercera. El saber de los científicos y el trabajo de los servidores públicos (personal sanitario, policía, ejército) se revelan nuevamente como las dos grandes capacidades de reacción de los sistemas democráticos en primera línea: la ciencia y la función pública.

Cuarta. Los poderes públicos, administraciones, instituciones y gobiernos son las instancias más eficaces para organizar y administrar las decisiones colectivas en momentos en los que el pánico, el miedo y la desconfianza pueden crear situaciones de inestabilidad colectiva.

Quinta. Que la mayor parte de las sociedades de nuestro entorno geográfico y civilizatorio (Occidente y Europa) han reaccionado, sus gobiernos, instituciones y administraciones de una manera muy similar, casi homogénea, imponiendo sobre cualquier otra razón la prevalencia de la ciencia, la prioridad de la salud y de la seguridad pública y el imperio de la ley y del Estado de derecho. Es decir, nuestras sociedades han reaccionado ante la crisis con herramientas propias de nuestra cultura política y de nuestra organización social y política: las democracias plenas.

Desafíos.

Primero. A pesar de la magnífica respuesta desplegada por la democracia liberal y plena en nuestro entorno, las fórmulas autoritarias y dictatoriales también están exhibiendo sus propios logros en la lucha contra la pandemia. Es ahora, cuando nos adentramos en escenarios de la llamada nueva normalidad y cuando el mundo entero es consciente de la posibilidad de que se repita de nuevo una crisis similar o peor (por ejemplo, en otoño próximo), y que podrá además incorporar variables específicas de la crisis climática que vivimos, cuando el debate y pugna entre democracia y autoritarismo se convertirá en un desafío. Ergo hay que seguir cuidando la democracia.

Segundo. Volverá otra vez (si es que alguna vez se fue) el debate entre libertad y seguridad, esta vez centrado exclusivamente en el control digital individual y su uso y límites en pro de la preservación de la salud pública. La seguridad no puede coartar ni la libertad ni la privacidad.

Tercero. La salida de la crisis económica. ¿Cometerá la UE el error de no plantear un gran paquete de estímulo anticíclico, como ocurrió en 2008, o, por el contrario, las políticas de estímulo e inversión se impondrán durante un tiempo largo, el que sea necesario, y, tal y como ha propuesto Pedro Sánchez, tendremos un verdadero Plan Marshall? Parece que no habrá error esta vez y la intervención política en una economía dañada permitirá reparar heridas y desigualdades pronto y de forma eficaz. Tras la pandemia, debe llegar la recuperación y la reconstrucción justa, pero nunca la segunda recesión global de un siglo con solo dos décadas de vida. Esta vez Europa se corrige y acierta.

Cuarto. El mundo global en el que vivimos, bajo el estigma ahora del contacto humano como un riesgo extremo para la salud, puede contraerse y replegarse. No sería el camino adecuado. De eso trata la nueva normalidad precisamente, de mantener lo mejor y más avanzado de nuestras sociedades introduciendo pautas de prevención y límites racionales para, así, permitir la pervivencia de un modelo global, conectado y en red. Lo contrario, un repliegue localista o nacionalista será un paso atrás social y económico, una reacción en términos de desarrollo y de progreso individual y colectivo.

Quinto. En clave nacional, el comportamiento de la derecha y de la extrema derecha, que necesariamente acaba generando una cierta parroquia, aun minoritaria, durante esta crisis está siendo lamentable, muy descorazonadora. Ese es nuestro desafío particular, sumado a todos los que compartimos como sociedad europea occidental: que podamos contar por fin con un bloque político en la derecha plenamente leal al sistema democrático y pluralista que impera en España. De momento, cada vez que pueden demostrar que están a la altura de las circunstancias, nunca pierden esa oportunidad para perder la oportunidad.