En el pleno del Parlamento Europeo del miércoles 1 de marzo del 2017, el presidente Juncker presentó un inusual Libro Blanco sobre el Futuro de Europa[1], en el que en lugar de trazar una visión sobre el porvenir de nuestro continente y presentar un conjunto de propuestas para alcanzarla, la Comisión Europea en cambio se ha limitado a plantear cinco escenarios sobre lo que puede ser la Unión en 2025 en función de las decisiones que se tomen a partir de ahora.

Así, el ejecutivo comunitario estima que la Europa del futuro puede seguir como hasta ahora, es decir seguir aplicando una política gradualista sobre los objetivos actuales (escenario 1), dedicarse solamente al mercado interior (escenario 2), apostar por la integración diferenciada (escenario 3), aumentar estratégicamente sus competencias en materias como seguridad y asilo, y renacionalizar otras como la regulación exhaustiva de carácter sectorial (escenario 4), y avanzar todos juntos hacia una mayor integración (escenario 5).

Cada una de estas Europas posibles es evaluada con sus ventajas e inconvenientes.

Si bien la generación de escenarios es un ejercicio intelectual que tiene su interés, resulta llamativo que una Comisión que reclama ser la más política de la historia, no haya tenido el coraje de decir, tras formularlos, por cuál de ellos apuesta, con la excusa de que se quiere abrir un debate sobre el futuro de Europa sin prejuzgar su conclusión.

Pero es que Juncker fue elegido con un programa que tiene que seguir cumpliendo, al tiempo que él fue el autor principal del llamado Informe de los 5 Presidentes, el cual marca un rumbo muy claro para la Europa del euro[2].

En particular, para los diecinueve Estados que comparten la moneda, no se trata tanto de evaluar las distintas opciones que plantea el documento de la Comisión Europea, el cual desde luego no pasará a la historia como un hito del acervo comunitario, sino de completar la unión monetaria con el pilar presupuestario, financiero y fiscal.

Desde el punto de vista estrictamente económico, la Eurozona solo puede adoptar el camino de una mayor integración, salvo que se decida desmantelar la moneda única (un escenario que por suerte no menciona el citado Libro Blanco). Cuando se decide poner en común la política monetaria, es obligado instaurar un soporte de naturaleza presupuestaria que estabilice el ciclo económico y aminore los choques macroeconómicos asimétricos, es decir, las crisis que afectan a unos Estados y no a otros, pues de lo contrario el euro es fuente de inestabilidad financiera, como se puso de relieve a partir de la primavera de 2010.

Así lo ha entendido el Parlamento Europeo en un informe reciente sobre la capacidad presupuestaria de la zona euro[3], además de apostar claramente por dar un salto cualitativo en la integración en clave federal con otras dos resoluciones sobre las posibilidades del Tratado de Lisboa y su reforma[4], al menos para todos aquellos Estados que estén dispuestos a comprometerse con el proyecto común, y aprobados en el pleno del 16 de febrero de 2017.

Llama también la atención que la Comisión no se haya apoyado en estos tres informes clave para elaborar el mal llamado Libro Blanco más arriba citado, al que habría que sumar la igualmente importante contribución de la Eurocámara sobre el Pilar Europeo de Derechos Sociales[5], y que fue adoptado el 19 de enero del mismo año.

En definitiva, lo que la economía europea necesita para superar definitivamente la crisis es una propuesta política ambiciosa que deje atrás por completo la era del ajuste fiscal a ultranza, sentando así las bases institucionales de una auténtica unión económica, monetaria y financiera, dotada de nuevos mecanismos como un tesoro europeo con capacidad de recaudar impuestos y emitir deuda, y con los que financiar bienes públicos e inversiones generadoras de puestos de trabajo, además de financiar un seguro de desempleo y garantizar un salario y condiciones laborales mínimas a todos los trabajadores.

[1] Véase https://europa.eu/european-union/sites/europaeu/files/whitepaper-future-of-europe_en.pdf

[2] Véase https://ec.europa.eu/commission/sites/beta-political/files/5-presidents-report_en.pdf

[3] Véase http://www.europarl.europa.eu/sides/getDoc.do?pubRef=-//EP//NONSGML+TA+P8-TA-2017-0050+0+DOC+PDF+V0//EN

[4] Véase http://www.europarl.europa.eu/sides/getDoc.do?pubRef=-//EP//NONSGML+TA+P8-TA-2017-0049+0+DOC+PDF+V0//EN y http://www.europarl.europa.eu/sides/getDoc.do?pubRef=-//EP//NONSGML+TA+P8-TA-2017-0048+0+DOC+PDF+V0//EN

[5] Véase http://www.europarl.europa.eu/sides/getDoc.do?pubRef=-//EP//NONSGML+TA+P8-TA-2017-0010+0+DOC+PDF+V0//EN