Empezaré por afirmar algo que aunque ya parece evidente por sí mismo, axiomático, hay quienes tratan de confundirlo: los partidos políticos franceses y su situación a las puertas de la segunda vuelta para que la ciudadanía elija a su president@ de la República, no son equivalentes a los partidos españoles y su coyuntura actual.

En efecto, la primera vuelta de las presidenciales del país vecino ha arrojado la siguiente escena: la ultranacionalista-derechista Marine Le Pen (Frente Nacional) no sólo ha pasado a la segunda consulta para intentar llegar al Palacio del Elíseo, sino que -según informan las encuestas- aproximadamente el 10% de sus votantes tenía como segunda opción a Jean-Luc Mélenchon (Francia Insumisa). Y viceversa, esto es, también sobre el 10% de quienes votaron a este líder de izquierda alternativa que incluye al partido comunista, mantenía a Le Pen como segunda posibilidad.

Asimismo, el socialista Benoît Hamon ha quedado el último de las cuatro grandes candidaturas, lo cual no es arriesgado afirmar que se debe a la nefasta siembra de sus correligionarios Hollande y Valls, ambos escorando al Partido Socialista francés hacia la derecha en los últimos años. Mélenchon ha recogido buena parte de este descontento, mientras que el centrista Emmanuel Macron (gran vencedor de la primera vuelta y parece que virtual presidente de Francia) se enfrentará a Le Pen por la jefatura del Estado.

Pues bien, en España, haciendo la distinción inequívoca entre elecciones presidenciales en el caso francés y las legislativas nuestras, tenemos la siguiente situación:

  1. En nuestro país no existe una ultraderecha tan fuerte como en Francia. Sobre todo, porque el Partido Popular supo amalgamar desde su nacimiento y hasta hace relativamente poco a la gran mayoría de la ciudadanía votante ubicada desde esa extrema derecha dentro del espectro constitucional hasta el centro/centro derecha. Pero la política neoconservadora de Mariano Rajoy -de resultados nefastos para las clases baja y media- junto a la gran corrupción que viene rodeando al PP, así como la aparición del partido Ciudadanos y su líder Rivera (tampoco coincidente con el perfil de Macron), han recortado en notable número las personas votantes provenientes de ese centro derecha, resultando así todo ello en la pérdida de la mayoría absoluta por parte del PP.
  2. El centro en España, en estos momentos, queda repartido -por orden de importancia- entre Ciudadanos (que ya directamente se declara liberal progresista para diferenciarse del neoliberalismo conservador del PP), y el PSOE (que está al día de hoy instalado en términos reales en ese centro/centro izquierda nada claro), produciendo con su abstención la nueva investidura de Rajoy, y que es así percibido de manera muy extendida como una formación que ya no se identifica con la izquierda -otra cosa es la dialéctica al respecto de quienes directa o indirectamente están en estos momentos en la sala de máquinas socialista-.
  3. En la izquierda española, el PSOE ha sufrido las decisiones de Rodríguez Zapatero con aquellas medidas tan poco afortunadas en mayo de 2010, contra natura del ideario de su partido. También la incapacidad de Rubalcaba para enderezar el partido y el resultado electoral del mismo y evitar la automática y cantada aparición de Podemos -y sus aliados electorales- intentando un sorpasso que con Zapatero o Rubalcaba como candidatos socialistas, entiendo que se hubiera producido ya. Con Pedro Sánchez como secretario general y candidato a la Moncloa, ese sorpasso no se produjo. Gran diferencia con su homólogo francés Hamon, pese a la contrastada buena voluntad de éste. En definitiva, Pedro Sánchez (ya sé que esto sonará a exabrupto a no poc@s de este PSOE ahora cercano en tantas cosas al PP) ha sido un auténtico cortafuegos para este partido en unas circunstancias muy difíciles que ni Zapatero ni Rubalcaba tuvieron: la concurrencia de Podemos capitalizando en buena medida la indignación ciudadana.

Y en plena campaña de primarias de su formación, Sánchez está siendo aclamado diariamente por miles de militantes socialistas que desbordan los recintos, con un discurso bien sencillo pero contundente: quiere que el PSOE regrese, vuelva a ser el partido hegemónico de la izquierda toda, a excepción de la extrema. Y quiere que la militancia no sea ninguneada, sino que sea quien decida en última instancia acerca de asuntos importantes. Porque en armonía con la democracia representativa, la democracia directa produce más y mejor democracia, más profunda. Y una democracia profunda se acerca mucho a la gran máxima que, confieso, vengo defendiendo toda mi vida: no hay libertad sin igualdad, y no hay igualdad sin libertad.

Además, el candidato Pedro Sánchez quiere volver a ser el número uno de su partido, del que fue desalojado (formalmente dimitió, claro) aquel primero de octubre de 2016 en contra de la opinión de las bases que le habían votado para el cargo. Y ahora vuelve. ¿Para qué? Para ganar, según muestran los datos tozudos. Lo cual sería lógico (así lo dijo ya la militancia obviada, reitero), y este estado de cosas en el socialismo español está a años luz de su mentado homólogo francés. Al otro lado de los Pirineos, Hamon no ha podido, a pesar de su ideología izquierdista, reflotar a su partido, demasiado herido por sus notables y citados compañeros de socialismo light. En este lado, Pedro Sánchez, de ganar, podría comenzar una suerte de Suresnes II en el PSOE. Una nueva socialdemocracia para un nuevo siglo, el XXI. Nuevos conceptos: izquierda y democracia directa en refinada armonía con la democracia representativa, enriqueciendo a ésta.

Francia, pues, en esto y como se ha visto, tampoco es igual que España. Ni en la derecha, ni en el centro ni en la izquierda, pues en esta última el socialismo francés tiene diferentes circunstancias que el español; y más a la izquierda, Mélenchon y Pablo Iglesias sí comparten populismo y coordenadas ideológicas -aproximadamente-, pero con diferente génesis, trayecto, modelo de partido y personalidad concreta de ambos líderes. Por eso, con el mayor cariño y respeto, digo -como ilustra el título de este artículo- que nuestros vecinos necesitan un Pedro Sánchez. Al menos, uno similar. Para el siglo XXI. Para un nuevo socialismo francés.