Ya hace un tiempo, o a mí me lo parece, tuve la suerte de visitar el Museo del Cine de Gerona, gracias a una magnífica “cicerone” de la cultura. Este espléndido espacio, didáctico y sorprendente que nos sumerge en los inicios de la imagen en movimiento, recoge la colección privada del fotógrafo publicitario Tomás Mallol, que con una gran generosidad pone al alcance de todos los ciudadanos con una exquisitez y sabiduría poco frecuente en estos tiempos.

Se preguntarán, por qué empiezo mi comentario de la película de la semana haciendo esta introducción, y sin más dilaciones se lo voy aclarar: En nuestras mentes, la asociación de ideas, momentos y lugares se producen constantemente. Y este es el caso, Martin Scorsese con “La invención de Hugo” nos ofrece una película que es un claro homenaje al nacimiento del Cine, este Arte que tanto amamos como maquinaria activadora de sueños. Nos regala con esta cinta un emocionante viaje a los orígenes del cinematógrafo. Museo y película, dos cosas muy distintas pero con un mismo compromiso, rinden tributo a los pioneros del cine.

Esta adaptación de la novela de Brian Selznick, a cargo de este cineasta indiscutible que es Martin Scorsese, es una verdadera superproducción de autor. Y no lo digo por los 170 millones de dólares de su presupuesto sino por el excelente resultado final. La capacidad del director para articular este gigantesco despliegue en la puesta en escena, decorados y vestuariosnos hace volar a un mundo casi olvidado por la mayoría del público. Lo cual, es realmente impactante, por su maravilloso sentido visual y por la capacidad que demuestra al sostener un ritmo que en ocasiones roza la cámara lenta.

El relato no es otro que el de Hugo (Asa Butterfield), un muchacho prácticamente huérfano que vive en las entrañas de una estación de trenes de París. Hugo trata de arreglar un autómata, único recuerdo que conserva de su padre.

Como ya he apuntado, la dirección artística es impresionante, resaltada con una banda sonora casi constante y perfecta, de Howard Shore, acompañada de una fotografía impecable que proporciona verosimilitud a una época de descubrimientos y ensoñaciones.

“La invención de Hugo” es un auténtico regalo en su conjunto para cualquier amante del cine. Pero su verdadera delicia es el paseo que nos brinda por el estudio de Georges Méliès mientras éste filmaba sus películas mágicas, quizá sin imaginar que entre sus cuatro paredes empezaba todo, en comunión con un puñado de visionarios repartidos por todo el mundo.