Habían pasado apenas unas horas de hacerse públicos los resultados electorales en Francia, cuando un responsable del municipalismo español afirmó tajante: “Francia es el ejemplo de lo que no hay que hacer” y “los socialistas franceses (afiliados y simpatizantes) se equivocaron hasta en la elección del candidato” …”hacia la izquierda absoluta”.

Como diría, sir Humphrey Appleby (el Secretario Permanente de “SÍ Ministro”) “cómo les gusta a los políticos disparar desde la cintura, sin saber que desde ahí nunca se acierta salvo en las películas de vaqueros.

¿Qué lecturas podremos hacer de la primera vuelta de las elecciones francesas?, ¿se puede aventurar alguna conclusión?

La crisis política no gana abstencionistas. Los ciudadanos siguen creyendo en el sistema.

En estas elecciones en Francia también se ha puesto de manifiesto una tendencia al cambio en la tradicional configuración de la democracia de partidos (entendida como que una parte de la ciudadanía sigue la orientación marcada por las formaciones políticas de manera más o menos fiel elección tras elección). ¿Hay un cambio radical? No. Todo entendible y explicable. La cifra de votantes se mantiene estable (79 al 84%) en los diez últimos años, y la abstención, similar. La crisis no ha dejado aún en casa a muchos electores.

La derecha no tiene miedo a Le Pen y acepta un candidato cuestionado.

La derecha (Los Republicanos) ha perdido algo más de 7 puntos, que se suman a los 4 que perdió Sarkozy en las elecciones del 2012, con un candidato imputado, cuestionado por corrupción, además no siendo, en principio, el preferido por los dirigentes preminentes del partido. El nacionalismo de derechas (FN) ha ganado poco más de 3 puntos y 1 millón de electores cuando tenía todos los vientos a su favor (cuestionamiento a los partidos tradicionales, atentados Yihadistas, contestación a la inmigración, castigo a las clases populares por la crisis…). Además de la publicidad subliminal del “que vienen que vienen” que asusta a todos menos a sus votantes, que los refuerza en su planteamiento electoral.

El social liberalismo es el gran ganador de la ruptura socialista.

Evidentemente el electorado más intransigente de derechas ha preferido a Le Pen que al tibio Fillon y el más templado ha ido hacia el denominado socio-liberal Macron. Este neurólogo y socio de la Banca Rothschild ha sumado a los votos de la derecha los perdidos por el Movimiento Demócrata [1]de François Bayrou (en 2012 3.2Mll / 9,13% y en 2007 6.8Mill y 18,5%). En este punto decir que no es tan sorprendente la posición de Macron pues a ello hay que sumar el Harakiri que se ha hecho el PSF.

La traición de Valls. El morir matando de un profesional de la política.

El desparrame político no es ninguna novedad en el socialismo francés, pero quizás la traición de Manuel Valls, un profesional político que desde sus 18 años ha ido escalando puestos en el PS hasta llegar a ser Primer Ministro (sin serle conocido oficio alguno) es cuestión a reflexionar. Traición es presentarse a las primarias del PS para ser Presidente de la República y una vez que se ha perdido por no recibir el voto de aquellos que dice representar, da su apoyo a un candidato que no es el de su partido. Evidentemente eso es dar una puntilla a la organización que te ha dado de comer toda tu vida. Esto no es política, es interés personal. Lo mismo que le ha llevado tras las elecciones a querer certificar la muerte del socialismo francés. Sobre esta misma cuestión hay que traer a colación el espectacular crecimiento de Mélenchon que ha pasado del 11% de los votos en el 2012 a casi un 20% ahora (3 millones aproximadamente), a pesar de su programa de izquierda absoluta y del cuestionamiento radical de la UE ha sido un refugio del votante socialista.

La tristeza y la incapacidad de un gestor siempre lo pagan otros.

Ahora también cabe recordar que Hollande y sus gobiernos son en buena parte los causantes de la irrelevancia del PS con solo un 6%. Hagamos un poco de memoria para no dar tiros al aire. El Presidente de la Republica saliente se presentó ante los ciudadanos como la solución progresista ante la gestión neoliberal de la crisis económica que estaba efectuando Sarkozy. Incluso Hollande era el encargado de torcer el brazo a la despiadada actuación de Merkel, respaldada por la burocracia de la Unión Europea. Sin embargo, su balance es más oscuro que el negro: bajada de pantalones, aumento del paro, de la deuda, de la presión fiscal (ha cambiado hasta tres veces de política económica), la pobreza ha aumentado en un millón de personas lo cual ha regado los viveros de los extremos políticos, su política exterior ha sido totalmente errática y su liderazgo para evitar “el Brexit” ha brillado por su ausencia y, para colmo, con el intento de reinventar una tercera vía para el PS de la mano del ínclito Valls ha roto el socialismo francés sin pena ni gloria.

Decir ahora que la estrepitosa derrota del PSF se debe a haberse ido a la “izquierda absoluta”, es para hacérselo mirar. ¿No será más cierto decir que la conflictividad social creada por Hollande y Valls haciendo caer las consecuencias de la crisis y la falta de crecimiento de la economía francesa sobre las clases sociales más desfavorecidas ha roto con los que debían haber sido sus aliados estratégicos y con los sindicatos?. Hay que reiterar: A muchos que se dicen socialistas se les olvidó lo que es el socialismo, no hay que reinventarlo todos los días, tan sólo practicarlo, el problema es que es un nuevo tiempo donde las demandas han variado y las respuestas tienen que ser eficaces e imaginativas.

Francia hacia atrás y no para tomar impulso.

El resultado final es que la sociedad francesa tiene que optar entre una derecha extrema que ha bebido de las fuentes del nacionalismo patriótico pre-fascista de los años 30 del pasado siglo y el social-liberalismo demócrata cristiano de los 50. Lo dicho, hay muchos que no se han percatado del cambio de siglo y sobre todo de sociedad. Esto no va tanto de más o menos de izquierdas,  como de tener una sociedad cohesionada y sostenible, que no existan vencederos ni vencidos y sobre todo que no haya políticos, empresarios, periodistas, opinadores en posesión de la verdad absoluta y que consideren que la cosa no es para tanto.

Amigo mira desde la ventana del despacho y verás que no es para tanto.

[1] Creado desde la UDF fundado por Valéry Giscard d’Estaing